CapÃtulo 196
â¿Estás seguro?â Pregunté sorprendida, ¿por que me habÃa llamado él y no alguien más?
Diego no con desden, âCon una belleza a su lado, ¿quién sabria tu existencia, señora Vargas? Apúrate, algo le pasa a tu marido.â
Sin explicarme lo que querÃa decir, simplemente colgó.
Alejandro y yo nos miramos desconcertados por un momento, luego él rápidamente tomó su abrigo.
Tris, vamos, ¡Rápido!â
En ese momento reaccioné y corri con él fuera de la oficina.
En el camino, senti una mezcla de alegria y nerviosismo.
No entendà a qué se referÃa Diego con que Jonathan estaba extraño.
¿Qué más podrÃa estar mal con él aparte de haberse afeitado la cabeza y haber tenido una operación? ¿Acaso habÃa sufrido daño cerebral y ahora tenÃa parálisis facial? ¿O habÃa quedado cuadripléjico y solo podia mover la cabeza?
Mientras divagaba, ya habÃamos llegado al hospital. En la habitación del hospital estaban todos, y al lado de Jonathan, habÃa una mujer.
Ella le limpió suavemente la cara, y luego le dio un poco de agua para que bebiera. Jonathan la miraba con temura y le sonreÃa suavemente.
En ese momento, me quedé paralizada en la puerta, sin saber cómo entrar.
Alejandro también se quedó por sorprendido un momento, antes de preguntar, â¿Chiara Galán? ¿Qué haces aquÃ?â
Fue entonces cuando todos se dieron cuenta de nuestra presencia. Chiara me hizo señas apresuradamente con los ojos muy abiertos.
âIris, ven aquÃ, rápido.â
Tratando de comunicarme algo con la mirada, su expresión se volvió algo incómoda.
Jonathan solo la miraba a ella, intentando tomar su mano.
Cuando ella se apartó rápidamente, él se mostró un poco decepcionado.
âChiara, no me estarás rechazando solo por haberme afeitado la cabeza, ¿verdad? Siempre dijiste que te gustaba mi cabello. En unos dÃas volverá a crecer, ino me rechaces!â
Al escuchar eso, mis pies se detuvieron en seco.
Yo le habÃa dicho que me gustaba su cabello, no ella.
Luego de unos momentos, intenté llamarlo, âJonathan.â
Ãl giró su cabeza hacia donde yo estaba, y luego de asentir friamente, volvió a mirar a Chiara
âYa he dormido mucho, Chiara, quiero comer unos chilaquiles.â
Ese tono de voz un poco caprichoso me puso la piel de gallina. Los chilaquiles eran algo que yo cocinaba, no sabÃa hacer mucho más, solo eso.
Además, fue él quien me enseñó cómo hacerlo, diciéndome que solo necesitaba lavar bien los ingredientes y cocinarlos un poco. ¿Desde cuándo ella también sabÃa cocinar eso?
Chiara, quien parecia estar a punto de llorar, dijo con sus labios: âSálvame.â
Las miradas de todos se posaron sobre mÃ, y en eses momento, Jasmina mostró una expresión burlona.
âAy, algunas personas realmente dan lástima. ¿Cómo es que hay algunas mujeres que piensan que tienen una relación de ensueño, si cuando su esposo despierta de un coma ni siquiera las reconoce? Jonathan, ¿Ni siquiera reconoces a tu propia esposa? ¿Se te dañó el cerebro?â
Ãl miró a Jasmina sin entender, diciendo, âJasmina, modera tu lenguaje, todavÃa no estoy casado. Pero si chiara está de acuerdo, no me opondré.â
Chiara, al borde del colapso, se acercó a mà y me señaló, diciendo, Jonathan, mira bien, ¿quién es ella? Mira bien, abre más los ojos.â
Con los puños apretados de nerviosismo, también lo miré.
Imaginé un millón de posibilidades, pensé que quizás tendrÃa el rostro torcido o no podrÃa moverse.
Pero nunca pensé que me olvidarÃa.
Jonathan me miró detenidamente, y algo impaciente, preguntó, âElla es Iris, ¿no?â
Al escuchar eso, todos suspiramos aliviados.
Pero entonces, él añadió: âTu compañera de habitación, ¿no? La que siempre te traia bocadillos, ¿verdad?
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