CapÃtulo 203
Jonathan armó tal escándalo que, si antes solo habÃa algunos rumores sobre su relación con Chiara, a partir de ese momento, todos estuvieron convencidos de que ella era su amor platónico.
[La señorita Galán no es tan bonita como Iris, ¿cómo es que al presidente Vargas le gusta ella?ã
[El amor platónico no se trata solo de la apariencia, a veces es la quÃmica, la conexión.]
ãMe enteré por ahà que desde la universidad, ella siempre estuvo con el presidente Vargas, trabajando y estudiando juntos todos los dÃas, definitivamente son amigos de la infancia.]
ãCon antecedentes familiares similares y experiencias compartidas, no es de extrañar que terminaran juntos.]
ãEsta vez la jefa tiene competencia, una con alta educación y una base emocional sólida la tiene muy difÃcil. Creo que para Iris, ya es game over.]
Los chismes de la oficina se esparcieron rápidamente, y al parecer, ya todos habÃan olvidado que Jonathan habÃa resultado herido por mi culpa.
Incluso Olivia Duarte fue a preguntarme si Jonathan realmente tenÃa otra relación secreta.
Después de todo, con Miriam como precedente, ella me advirtió que tuviera cuidado.
Pero, ¿cuidado de qué?
Jonathan ya habÃa puesto a Chiara en el pedestal de la novia que lo acompañó en la universidad, mientras que yo era vista como la mujer desagradable que intentaba seducirlo para ascender.
En ese momento comenzó a evitarme como si fuera la peste, viviendo permanentemente en la villa, olvidándose completamente de que tenÃa otro hogar.
ParecÃa que
él habÃa vuelto a sus dÃas de enamorado, llevándole a Chiara todo tipo de dulces todos los dÃas.
Pastelitos de crema, croissants, pasteles de lava, tartaletasâ¦
Viendo cada uno de estos postres, ella siempre fruncÃa el ceño.
Ella habÃa sido un poco gordita y torpe en su primer año, hasta el punto de que tuvo que usar uniformes militares de hombres, por lo que muchos se burlaron de ella.
Luego, se propuso adelgazar y nunca volvió a comer esos alimentos de alto contenido calórico.
Jonathan, sin embargo, habÃa olvidado que esos eran los postres que a mà me encantaban.
Incluso si ella no los comÃa, él tenÃa la excusa de que ella habÃa cambiado sus gustos al irse al extranjero, por lo que justificaba que estuviera tan delgada.
La insatisfacción de Jonathan conmigo se intensificó cada vez más.
Cada vez que habÃa horas extras en el departamento, iba a buscar a Chiara y siempre encontraba la manera de reprenderme.
â¿No podrÃas dejar de asignarle trabajo a los demás? ¡Solo a ti te gusta trabajar! El diseño necesita inspiración, ¿acaso piensas que trabajando horas extras la inspiración simplemente aparecerá? No malgastes las neuronas de Chiara. Iris, no pienses que con esto vas a verme más seguido. A lo mucho, solo soy tu esposo de nombre.â
Ãl no tenÃa ningún reparo en decir esas cosas frente a otros colegas del departamento, e incluso, algunos se quejaban.
Al final, simplemente no me atrevà a dejar que Chiara trabajara hasta tarde y, en cuanto era hora de salir, la empujaba a irse.
Al principio, se negó rotundamente a que Jonathan la recogiera, pero luego aceptó.
El dÃa que debÃamos finalizar el proyecto en colaboración con LatAm Comercio Integral, ella insistió en quedarse a trabajar hasta tarde. Y como era de esperarse, Jonathan volvió a regañarme.
Finalmente, Chiara explotó, y golpeando la mesa para levantarse, dijo, âJonathan, ¿podrÃas dejar de ser tan irracional? ¡Al comportante de esta forma solo estás afectando mi trabajo! ¡Regresé al paÃs precisamente porque querÃa hacer algo grande, y esta es mi oportunidad!â
Ella habÃa estado casi ausente del proyecto desde su llegada a la empresa, por lo que naturalmente no estaba satisfecha. Tener un tÃtulo universitario y algunos premios académicos no era suficiente para establecerse firmemente en el Grupo Vargas. Jonathan la miró con algo de culpa, diciendo,â Es solo que no quiero que te esfuerces demasiado. Además, con tu talento, este tipo de trabajo deberÃa ser pan comido, ¿No? ¿Ya lo olvidaste? En el segundo año de la universidad, fuiste tú la que ganó el primer premio en el concurso nacional de diseño, en ese entoncesâ¦â
âBasta, Jonathan!
En ese momento, ella pareció estar al borde del colapso, y recogiendo su bolso con aire de derrota, dijo, âVámonos a casa, no hables más. Mirando su silueta desolada alejarse, no pude evitar sentirme igual de irritada.
Ese premio en segundo año fue mÃo, pero él ni siquiera lo recordaba.