CapÃtulo 213
Al salir de la familia Vargas, fui directamente al hospital a buscar a Diego.
Ese niño era como una bomba de tiempo, y yo era muy consciente de mi situación. Apenas pude permanecer de pie en la sala de fiestas sin sentir que me desmayarÃa, ¿cómo iba a tener un hijo? Si ese niño resultaba tener deformidades, incluso si nacÃa, terminarÃa sufriendo toda su vida. No querÃa que mi hijo sufriera.
Diego observó mis análisis de los últimos dÃas con cierta indecisión.
âEl aborto es necesario, pero tu cuerpo está demasiado débil ahora, todos tus indicadores están por debajo de lo normal. Se podrÃa realizar la cirugÃa, pero la recuperación serÃa muy difÃcil, especialmente porque ya has recaÃdo dos veces.â
Sus palabras coincidieron casi exactamente con lo que yo habÃa pensado. Suspiré, sin saber qué decir.
ParecÃa que no habÃa mejor solución que terminar con el embarazo.
Diego se quitó las gafas, y luciendo algo cansado, me aconsejó, âIris, te doy una semana para que te recuperes bien, si es necesario pide una licencia. Come lo que debas comer, bebe lo que debas beber, sin no tienes salud, no tienes nada.â
âEntendido.â Contesté.
Ãl se encogió de hombros y luego me miró con una expresión aún más seria.
âSi él supiera lo mucho que luchas por mantenerlo con vida, te perdonarÃa.
SabÃa que se referÃa al pequeño en mi vientre.
Tal vez en ese momento solo eran un montón de células, pero ya estaba conectado a mà por la sangre.
No sabÃa si Jonathan recordarÃa eso al despertar, pero estuve segura de que se sentirÃa devastado. âEstá bien, entonces programa la cirugÃa para la próxima semana. Dije sonándome la nariz.
Diego me observó detenidamente por un momento antes de asentir.
âVoy a observar la cirugÃa, necesito registrar los datos. Después de la operación, necesitarás quedarte en el hospital unos dÃas, tengo que asegurarme de que estés bien. Y⦠¿qué pasa con Jonathan? ¿Su cerebro aún no se ha recuperado? He visto su expediente, no deberÃa ser asÃ. Sus palabras me hicieron olvidar mi tristeza.
â¿Cómo que no deberÃa ser asÃ?â
Ãl empujó sus gafas hacia arriba, diciendo, âAntes de especializarme en tumores, estuve dos años en neurocirugÃa.â
âLo suyo, a lo sumo és una conmoción cerebral severa, con confusión mental temporal. Con medicación y una recuperación gradual, deberÃa mejorar. He visto sus informes, hay un 90% de posibilidades de que no haya dañado el nervio principal. No estará fingiendo, ¿verdad?â Al ver la seriedad en su cara, negué silenciosamente con la cabeza. ¿Por qué fingirÃa? Ãl y Chiara ni siquiera fueron cercanos durante la universidad.
Además, si ellos hubieran estado juntos desde el principio, yo no tendrÃa nada que ver con eso.
Incluso si Jonathan se hubiera enamorado de ella mientras yo estaba en el extranjero, ya se habrÃan casado.
Pero pensando en el comportamiento extraño de Jonathan y su temperamento volátil, sentà que debÃa buscar una consulta especializada. â¿PodrÃas organizar una consulta con un especialista, preferiblemente un experto internacional?â
Diego me guiñó un ojo y luego sonrió con complicidad.
âTienes suerte, mi mentor viene al hospital mañana para dar una conferencia. Es un experto en neurociencia. Ya he reservado una cita para Jonathan, casos como el suyo no son comunes.â
Luego me pasó un documento, diciendo, âJonathan tiene un trastorno mental, y actualmente tú eres su tutora legat. Firma aqui, necesitamos hacer un estudio académico y registrar su condición, pero no revelaremos su privacidad.â
Me pasó el bolÃgrafo y en ese momento se sintió tan astuto como un zorro
Casi en un trance, firmé el documento.
En realidad, lo que Diego pedÃa era muy simple: que los datos del examen de Jonathan se hicieran públicos para fines educativos y de analisis