CapÃtulo 318
Nina asintió, âSÃ. ¿Algún problema?
Natalie frunció el ceño, señalando algunos problemas en el dibujo del diseño, -Son errores
que
sólo cometen los novatos, y con tu habilidad, deberÃa serte fácil evitar esos problemas. Nina miró el diseño y dijo avergonzada, -Señorita López, lo siento, no me di cuenta, no volveré a cometerlos.
Natalie no siguió criticándola, la miró y le dijo: -¿Estás metida en algún lÃo últimamente?
-No. ¿Por qué lo pregunta?
-Veo que no estás bien.
Nina frunció los labios y bajó los ojos, diciendo: -Le prometo que no dejaré las cosas diarias afecte al trabajo.
-Vale, modifÃcalo.
Al sacar el diseño del despacho de Natalie, Nina volvió a enrojecer los ojos.
Desde que se enteró de que Tadeo y Matilde estaban prometidos, se habÃa sentido tan disgustada que no sabÃa cómo debÃa controlar sus sentimientos.
Pero él ya estaba comprometido, y ella no podÃa ser tan descarada como para ir a buscarlo otra vez, asÃ
que parecÃa que el enamoramiento tendrÃa que terminar sin dejar rastro.
Por la noche, Leonardo recogió a Natalie y la llevó a cenar a Mansión de ArmonÃa.
Matilda y Tadeo también fueron, y se encontraron en la puerta de la Mansión de ArmonÃa.
Comparados con Natalie y Leonardo, Matilda y Tadeo eran como desconocidos. Cuando bajaron del coche, Tadeo ni siquiera miró a Matilda y entró directamente en Mansión de ArmonÃa.
Matilda se mordió el labio inferior y palideció un poco, no querÃa que Leonardo y Natalie la vieran hacer el ridÃculo.
Esbozó una sonrisa, -Leo, hermana, voy a entrar.
Mirando la espalda de Matilda, Natalie se mostró indiferente, lo merecÃa ella, no podÃa culpar a los demás.
Al girar la cabeza y ver los ojos profundos de Leonardo, Natalie pensó de pronto en el dÃa en que Matilda vino a suplicar por Ricardo, y Leonardo salió a darle un paraguas.
En ese momento, Natalie sintió insatisfacción, soltó el brazo de Leonardo y le dijo frÃamente: -¿Angustiado? Puedes ir a consolarla.
Leonardo volvió la cabeza para mirarla y frunció el ceño: -¿Por qué estoy angustiado?
Natalie sonrió frÃamente: -CreÃas que estaba dormida cuando aquel dÃa suplicó en la puerta y no pudiste esperar a llevarle un paraguas.
Al ver que la mirada de Leonardo se ponÃa rÃgida, Natalie dijo: Si quieres darle un paraguas,
1/2
Después de decirlo, sin hacer caso a él, se marchó.
Al entrar en el salón, Josefina la vio y una sonrisa apareció en su cara.
-Natalie, ven a sentarte aquà conmigo, hice que la cocina te preparara tus meriendas favoritas para esta tarde.
Natalie sonrió y caminó para sentarse a su lado, âAbuela, no hace falta que la prepares la próxima vez, no puedo acabármela siempre.
Vale, vale.
Josefina accedió, pero en realidad, seguirÃa preparándolo cada vez.
Matilda, que estaba sentada enfrente de la mesa, estaba tan enojada que su cara se torció, cuando entró, Josefina la saludó y luego la trató como una persona invisible.
Ahora la trataba a Natalie con tanto entusiasmo, jera para avergonzarla a propósito!
No querÃa ver la escena de ellas riendo y bromeando, Matilda se levantó y dijo: -Abuela, voy a pasear un rato por el jardÃn.
Josefina la miró con desdén, -Adelante, no te alejes mucho, cenamos pronto.
-SÃ.
Matilda salió al jardÃn y vio a Tadeo sentado en el cenador, respiró hondo y caminó rápidamente hacia él.