CapÃtulo 400
Beata se mofó, -¡Déjala pasar!
Trataba bien con la familia de Elisa Kim a lo largo de los años, pero Linda habÃa seducido a Ricardo y tenÃa un hijo, ¡y no podÃa perdonar de ninguna manera!
Guiada por la criada, Elisa entró llevando un bolso.
TenÃa la cara morena, llevaba una camisa floreada medio nueva encima, un pantalón negro debajo, y en los pies un par de zapatos amarillos de tela lavada y algo blancos, con algo de suciedad en los bordes de los zapatos, que le daban un aspecto un poco nerviosa.
Al verla, Beata no pudo ocultar su antipatÃa y desprecio.
Matilda, que estaba a su lado, olió el olor a sudor de su cuerpo e inconscientemente se tapó la nariz, se
levantó y dijo: -Ma, tengo algo que hacer, subo yo.
Cuando Elisa vio a Matilda, una sonrisa placentera apareció en su rostro, ¡Mati, qué guapa estás! ¡La última
vez que vine aún estabas en el instituto!
Matilda no quiso hablar con ella, y directamente se dio la vuelta y subió.
Elisa miró a Beata y le dijo: -Prima, esta vez te he traÃdo algunas especialidades del pueblo, echa un vistazo.
Dijo mientras abrÃa el bolso, queriendo mostrarle a Beata las especialidades locales, pero Beata dijo con indiferencia: -Gracias, pero estas cosas están todas disponibles aquÃ, asà que no hace falta que las traigas la
próxima vez.
-Las del campo son más sanas, he oÃdo que todas las verduras de la ciudad tienen pesticidas.
Beata no querÃa perder el tiempo con ella y le dijo a la criada que se llevara sus cosas.
-Tú siéntate, te he hecho venir esta vez, hay algo que quiero preguntarte.
Elisa se sentó con cuidado en el sofá, -¿De qué se trata?
-¿Sabes que Linda tuvo un hijo con Ricardo?
Elisa se levantó sobresaltada, tenÃa los ojos como campanas de bronce y la carne de la cara le temblaba
ligeramente.
-¿Qué? ¡Ha tenido un hijo con otro hombre! ¿Qué puedo hacer� Ya he negociado el precio de matrimonio con una familia del pueblo, y esta vez he venido aquà para que vuelva a casarse.
Beata guardó silencio unos segundos y de repente se le ocurrió un plan.
Miró a Elisa y suspiró: -Lleva muchos años trabajando en Monteflor, supongo que tiene ambiciones y no
quiere volver al pueblo.
-No, si no vuelve para casarse, ¡no tendremos el dinero para la boda de su hermano! ¡Maldita chica! ¡Voy a
buscarla ahora mismo!
+15 BONOS
Cuando Elisa se levantó y se disponÃa a marcharse. Beata la detuvo rápidamente: -Si vas a buscarla ahora, no te hará caso. La mandaré a casa, y puedes decirle a la familia que se prepare para la boda. Una vez que una mujer se acuesta con un hombre, definitivamente no se resistirá.
Elisa pensó que tenÃa razón y aceptó.
-Bien, prima, ¡entonces te dejo este asunto, por favor!
Beata sonrió: -Somos familia, no hace falta ser tan cortés.
Cerca del mediodÃa, Linda recibió una llamada de Elisa, diciendo que habÃa llegado a Monteflor, y ahora estaba en la estación de tren, pidiendo a Linda que la recogiera.
Linda acudió corriendo a la estación de tren y frunció el ceño cuando vio a Elisa: -Mamá, ¿por qué no me has avisado antes de que venÃas?
-Te he echado de menos, asà que vine, no desayuné esta mañana, llévame a comer.
-Bien.
Linda cogió la bolsa de Elisa, pidió un taxi y llevó a Elisa a un restaurante.
Sin embargo, lo que ella no sabÃa era que en el momento en que subieron al taxi, habÃa un coche siguiéndolas.
Una hora después, mirando a la inconsciente Linda, Elisa estaba un poco abrumada.
-Prima, ¿Linda está bien?
Beata miraba a Linda con una mirada gélida y llena de odio y le dijo suavemente: -Está bien, sólo ha tomado un poco de éxtasis, se despertará en un dÃa. Haré que mis hombres te lleven a casa, es más rápido tomar un avión, llegarás a casa esta noche.
Elisa estaba aterrorizada, nunca ha visto un avión en su vida, ni siquiera saber de cómo era un avión. â
-Primo, no hace falta, volvemos en tren.
-No, en avión. Ya he reservado billetes. No son reembolsables. Cuesta más de 200 dólares un billete, asà que será un desperdicio si no lo tomas