Chapter 14: Capitulo 13

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 19404

Luces que despiertan

—¿A dónde quieres ir ahora? —preguntó Shadow con evidente irritación, clavando la mirada en Sonic con desconfianza.

—Ya verás, Shadow. Confía en mí —respondió el erizo azul con una sonrisa juguetona, inclinando la cabeza con aire travieso.

Shadow dejó escapar un suspiro pesado. Detestaba ser arrastrado sin explicaciones, y más aún, el hecho de que, sin importar cuánto lo irritara, terminaba siguiéndolo de todos modos. Habían pasado varios minutos desde que dejaron atrás su hogar, y el frío de la noche se hacía cada vez más intenso, anunciando la cercanía del invierno.

El bosque se extendía en sombras y luces plateadas bajo la luna. Una brisa helada serpenteaba entre los árboles, levantando hojas secas y haciendo crujir las ramas a su paso. El ambiente parecía tranquilo, pero una ligera inquietud se alojaba en el pecho del erizo negro.

—No me gusta esto, Sonic —gruñó, cruzándose de brazos mientras aceleraba el paso para ponerse a su altura—. Ya me sacaste a rastras una vez, pero no voy a dejar que lo hagas de nuevo sin decirme a dónde vamos.

Sonic soltó una leve risa, sin aminorar su paso.

—Tranquilo, no es nada malo —dijo con ligereza—. Solo quiero mostrarte algo.

Shadow entornó la mirada con desconfianza. Algo en la despreocupación de Sonic no terminaba de convencerlo. Había algo más en su insistencia, algo que el erizo azul no estaba diciendo. Y aunque su instinto le gritaba que simplemente podía darse la vuelta e ignorarlo, algo dentro de él lo impulsaba a seguir.

Con un suspiro pesado, siguió caminando detrás de él, aunque esta vez con una mirada más atenta y alerta.

El bosque seguía extendiéndose ante ellos, y con cada paso, Shadow sentía que se adentraban más en un lugar desconocido, en un territorio que no comprendía del todo… pero que, por alguna razón, Sonic conocía a la perfección.

De repente, el erizo azul se detuvo en seco. Shadow, que lo seguía de cerca, frunció el ceño al notar la repentina pausa. Algo estaba tramando.

—¿Ahora qué? —preguntó con evidente irritación.

Sonic giró sobre sus talones para encararlo. La luz plateada de la luna resaltaba la chispa juguetona en su mirada, y una sonrisa confiada se dibujó en su rostro.

—Ya sé… Hagamos un juego —propuso, inclinando la cabeza con aire travieso—. Si logras atraparme, te diré a dónde vamos.

Shadow se cruzó de brazos, su ceño se frunció aún más. No respondió de inmediato, solo lo observó con paciencia limitada.

Estaba empezando a detestar los juegos de Sonic.

Primero, lo había arrastrado a esa cena sin darle opción a negarse. Ahora, sin siquiera molestarse en explicarle por qué lo había llevado hasta allí, quería hacer de esto una competencia absurda. Apretó los puños con frustración contenida.

—No tengo tiempo para estupideces —gruñó, su voz cargada de molestia—. Si tienes algo que mostrarme, hazlo de una vez.

Pero Sonic no parecía preocupado por su tono ni por su mirada afilada. Solo se rió entre dientes, dando un paso atrás con aire despreocupado.

—Oh, vamos, Shadow. No seas aburrido —replicó, echando el cuerpo un poco hacia adelante, listo para arrancar—. Solo inténtalo.

Shadow soltó un largo suspiro, sintiendo la paciencia desvanecerse con cada segundo que pasaba. Quería largarse. Quería dejar a Sonic ahí y volver a su refugio. Pero, por alguna razón, sus piernas no se movieron en la dirección opuesta.

Y Sonic lo entendía bien.

Lo miró con esa expresión confiada y desafiante, como si pudiera leer cada pensamiento en su mente.

—Si no corres… asumiré que no puedes atraparme.

La ceja de Shadow tembló con un ligero tic.

Ese maldito erizo sabía exactamente qué hacer para provocarlo.

La frustración ardía en su interior, pero también lo hacía su instinto competitivo. Shadow no era alguien que retrocediera ante un reto, y Sonic lo conocía lo suficiente como para apostar por ello.

La luna brillaba sobre ellos, proyectando sombras largas en el suelo cubierto de hojas secas. El aire frío de la casi llegada del invierno agitaba las ramas de los árboles, creando un sonido sutil entre el silencio de la noche.

Shadow entrecerró los ojos y, casi sin darse cuenta, su cuerpo ya estaba reaccionando.

Sus músculos se tensaron, listos para el arranque.

—Más te vale correr rápido, Sonic —advirtió, su tono bajo y amenazante.

Pero Sonic solo sonrió.

Y en un parpadeo, ya no estaba.

Shadow apretó la mandíbula.

—Tsk…

Sin pensarlo más, salió disparado tras él.

La noche avanzaba con el frío envolviendo el bosque, pero para ellos, el mundo parecía detenerse en aquel instante.

Shadow avanzaba con velocidad, sus pasos apenas dejando huella en la tierra húmeda. Sus ojos seguían con precisión el rastro de Sonic, pero atraparlo era otra historia.

El erizo azul era un destello entre las sombras, desapareciendo entre los árboles y reapareciendo más adelante, desafiándolo con una sonrisa atrevida antes de volver a esfumarse.

—¡Tsk! ¡Deja de jugar y quédate quieto! —gruñó Shadow, aumentando su velocidad.

—¿Y dónde quedaría la diversión en eso? —se burló la voz de Sonic desde algún punto adelante.

Shadow apretó los dientes, frustrado pero determinado. Se impulsó con fuerza sobre una roca, cortando distancia en un segundo. Sus dedos estuvieron a punto de rozar la espalda de Sonic… pero este giró en el último instante, esquivándolo con un salto ágil.

El aire frío le golpeó el rostro cuando Sonic pasó sobre él con la misma facilidad con la que una hoja flota en el viento. Shadow aterrizó con firmeza, girándose de inmediato para volver a perseguirlo.

Era molesto.

Era desesperante.

Pero también… era emocionante.

—¡Mas rápido Shadow!—

Su pecho subía y bajaba con rapidez, no solo por el esfuerzo, sino por la adrenalina que ardía en su interior. Hacía mucho tiempo que no sentía algo así. No estaba huyendo, no estaba luchando… solo estaba corriendo.

Y, sorprendentemente, lo estaba disfrutando.

El bosque comenzó a abrirse hasta dar paso a un extenso campo de flores silvestres que se mecían con el viento nocturno. Shadow emergió de entre los árboles, su mirada dorada recorriendo el paisaje en busca de Sonic.

Pero no lo vio en ninguna parte.

Frenó su carrera, su respiración aún acelerada mientras giraba sobre sus talones, escaneando cada rincón del campo.

—¿Dónde te metiste ahora? —murmuró, su ceño frunciéndose con sospecha.

Solo el murmullo del viento respondió.

Shadow sintió un leve escalofrío recorrer su espalda. Algo no estaba bien. Sonic jamás se quedaba callado por tanto tiempo, menos en medio de un juego.

—Sonic… —llamó, su tono más serio esta vez.

Nada.

El aire helado agitó la hierba alta, y por primera vez en esa noche, Shadow sintió algo que no quería reconocer: inquietud.

Algo dentro de él se removió, una sensación extraña en su pecho. No podía explicarlo, pero por alguna razón, el solo hecho de no verlo le provocaba un nudo en el estómago.

Volvió a girar en su sitio, sus músculos tensos, listo para reaccionar ante cualquier señal de movimiento.

Y entonces, el crujido de una hoja detrás de él.

Antes de que pudiera moverse, algo chocó contra su espalda con fuerza.

—¡Ah! —exclamó al sentir cómo lo empujaban, perdiendo el equilibrio en el acto.

La hierba amortiguó su caída, pero antes de que pudiera incorporarse, un peso familiar se dejó caer sobre él.

—¡Te atrapé! —exclamó Sonic con una sonrisa radiante.

Shadow parpadeó, desconcertado por un segundo, hasta que procesó lo que acababa de pasar.

—¡Eso no era parte del juego! —reclamó, frunciendo el ceño con molestia.

Sonic se rió sin ningún remordimiento y rodó a un lado, tumbándose sobre la hierba con los brazos tras la cabeza.

—Solo aproveché el momento. Además… —giró su rostro hacia Shadow con una mirada divertida—. No me digas que no lo estabas disfrutando.

Shadow abrió la boca para responder… pero se detuvo.

La noche fría ya no se sentía tan molesto. Su corazón aún latía con fuerza, pero ya no solo por el esfuerzo. Aún podía sentir la emoción corriendo por su sangre, la sensación de libertad, la adrenalina pura de correr sin una razón más que la de sentir el viento contra su rostro.

Por un instante, olvidó el enojo.

Olvidó la frustración.

Solo sintió la calma de la noche, la brisa acariciando su piel, y la risa ligera de Sonic flotando en el aire.

El aire estaba fresco, pero la calidez de la conversación entre Sonic y Shadow parecía disiparlo, dejando un leve resplandor a su alrededor. Sonic había propuesto el juego, pero no de una manera casual, como solía hacer, sino con una intención que ninguno de los dos comprendía del todo. Después de un rato, los dos terminaron tumbándose en el suelo, agotados por la carrera y las risas, pero también por la extraña tensión que había comenzado a colarse entre ellos.

Sonic, como siempre, disfrutaba de la tranquilidad que el campo le ofrecía, con el viento acariciando su rostro y el sonido de la naturaleza llenando el aire. Se acomodó sobre el pasto, mirando las estrellas que empezaban a aparecer en el cielo, mientras Shadow se mantenía a su lado, sentado, sus ojos fijos en el horizonte, como si estuviera buscando respuestas en la oscuridad.

Por un momento, ninguno dijo nada. Solo el sonido del viento y el leve murmullo de la naturaleza llenaban el espacio entre ellos. Shadow, aún sin entender del todo qué hacía allí, dejó escapar un suspiro y giró la cabeza hacia Sonic.

—¿Para qué me trajiste aquí? —preguntó al fin, con su tono seco pero sin la dureza de antes.

Sonic no respondió enseguida. Solo sonrió con aire misterioso, manteniendo su mirada en el cielo estrellado.

—La primera vez que vine aquí fue por accidente —dijo finalmente, su voz suave, casi como si estuviera recordando algo lejano—. Y sin querer, presencié algo muy hermoso.

Shadow frunció el ceño, su mirada escaneando el entorno. Árboles a lo lejos, flores silvestres, el mismo cielo despejado… nada de eso le parecía fuera de lo común.

—Aquí no veo nada —dijo al fin, sintiendo que Sonic solo estaba jugando con él otra vez.

Entonces, el erizo azul giró la cabeza hacia él, su expresión iluminada por la luz de la luna. Había algo diferente en su mirada, algo que Shadow no supo identificar, pero que, de algún modo, lo hizo permanecer en silencio.

—Las cosas hermosas no aparecen por sí solas —murmuró Sonic—. Mantén tus ojos fijos… y aparecerán.

Shadow entrecerró los ojos, confundido. Intentó decir algo, pero Sonic solo le hizo un gesto para que guardara silencio.

—Solo mira —susurró.

Y entonces, sucedió.

Pequeños destellos comenzaron a aparecer entre la hierba, primero unos pocos, luego más y más, hasta que el aire a su alrededor se llenó de luces danzantes. Luciérnagas.

Shadow parpadeó, sorprendido. No había notado su presencia antes, pero ahora el campo entero parecía cobrar vida con cientos de puntos brillantes que flotaban en el aire, moviéndose con el viento como si fueran estrellas atrapadas en la tierra.

El erizo negro no pudo evitar quedarse inmóvil, observando el espectáculo con una fascinación que no se atrevía a admitir.

Mientras las luciérnagas danzaban en el aire, creando una atmósfera mágica, Shadow las observó con fascinación. De repente, un destello fugaz lo transportó a un recuerdo distante, de un tiempo que ya no existía. En su mente, la voz de María resonó suavemente, como si estuviera allí con él.

“Mira, Shadow… la belleza siempre está ahí, solo hay que aprender a verla,” le había dicho ella en una de las tantas tardes que pasaron juntos. En ese entonces, las palabras de María no tenían significado para él. Ahora, mientras veía las luces en la oscuridad, se dio cuenta de que tal vez, solo tal vez, tenía razón. La belleza, a veces, estaba en las cosas más simples.

Shadow nunca admitiría en voz alta que la escena ante él lo había sorprendido. Nunca antes había visto algo así. La luz de la luna se mezclaba con los destellos de las luciérnagas, creando una atmósfera irreal, casi mágica. El viento frío ya no le resultaba tan molesto.

A su lado, Sonic sonrió con satisfacción al notar su reacción.

—¿Lo ves ahora? —preguntó en voz baja.

Shadow no respondió de inmediato. Sus ojos dorados seguían fijos en la danza de luces, como si temiera que, si apartaba la mirada, todo desaparecería. No entendía por qué esto lo afectaba de esa manera… pero lo hacía.

—Es… inusual.

Sonic soltó una leve risa.

—Supongo que para ti lo es —dijo con diversión.

Shadow giró la cabeza hacia él, observándolo en silencio. Sonic lo miraba con esa tranquilidad suya, con esa sonrisa confiada, como si todo tuviera un propósito. Como si, de alguna manera, supiera algo que él no.

Y, por alguna razón, esa idea lo inquietó más que el frío de la noche.

El viento sopló con suavidad, llevando consigo el brillo de las luciérnagas. Shadow no pudo evitar pensar que, tal vez, Sonic tenía razón. Que algunas cosas solo se revelaban cuando uno se tomaba el tiempo de verlas.

Aún así, algo dentro de él no terminaba de encajar.

—Sonic… ¿por qué me trajiste aquí? —preguntó al fin, su voz más baja de lo habitual, como si temiera romper la armonía del momento.

Sonic, que seguía recostado en el suelo, se incorporó ligeramente, apoyándose en sus manos. Observó a Shadow con una expresión tranquila, pero había algo más en su mirada, algo que no era tan fácil de descifrar.

—Quería que presenciar este momento contigo —respondió con naturalidad, pero con un peso en sus palabras que hizo que Shadow lo mirara con atención.

—¿Conmigo? —repitió el erizo negro, sin comprender del todo.

Sonic asintió con una pequeña sonrisa, inclinando la cabeza hacia un lado.

—Sí. Eres alguien importante para mí... —sus palabras fueron suaves, pero en la quietud de la noche, resonaron con fuerza—. Sé que no tuviste una buena vida, que tu pasado te ha obligado a cargar con cosas que nadie debería. Pero quería mostrarte que en este mundo puedes hacer la tuya… y ver lo hermoso que puede darte si le das la oportunidad.

Shadow desvió la mirada por un instante. Las palabras de Sonic le afectaron más de lo que habría querido admitir. Como si algo dentro de él quisiera creer en lo que decía, pero una parte de él se resistiera.

—Yo… yo no sé cómo hacerlo —susurró, su voz casi quebrándose, como si admitirlo fuera más difícil que cualquier batalla que hubiera librado—. Mi propósito siempre fue ser un experimento para los científicos. Un arma. No soy más que eso.

Sonic entendió la profundidad de esas palabras. Sabía que no era fácil, que el pasado de Shadow era un peso del que no podía deshacerse de la noche a la mañana. Pero también sabía que no tenía que cargarlo solo.

Sin pensar demasiado, llevó una mano hacia él y la colocó suavemente sobre su mano.

Shadow se tensó al instante. El contacto fue repentino, inesperado. No estaba acostumbrado a la calidez de un gesto así, a la sensación de que alguien lo tocara con una intención que no fuera violencia o desconfianza.

Y sin embargo… algo en ese simple roce lo desarmó por completo.

No entendía por qué. Era solo una mano sobre la suya, y, aun así, sintió que algo dentro de él se movía, como una grieta abriéndose en un muro que había construido hace mucho tiempo. Un calor extraño se filtró a través de su piel, algo que no tenía que ver con la temperatura, sino con una sensación más profunda, más humana… algo que no supo nombrar.

—Ya no tienes que ser eso más —dijo Sonic, con voz firme pero llena de ternura—. No dejes que tu pasado te defina, Shadow. No eres un peligro. Puedes ser lo que tú quieras ser.

Las palabras parecieron fluir en el aire, y Shadow sintió que el eco de la voz de María se fundía con la de Sonic, recordándole que quizás había otra manera de vivir.

—Puedes empezar aquí, en Green Hill. Conmigo. —continuó Sonic.

El silencio que siguió fue diferente. No era el silencio frío del entorno, sino uno cargado de significado, que abría un nuevo espacio en el que Shadow podía respirar de una forma que no recordaba haber hecho. Por un instante, las palabras de María y de Sonic se mezclaron en su mente, ofreciéndole una nueva esperanza.

Aunque no dijo nada en voz alta, Shadow entendió que, esta noche, por primera vez en mucho tiempo, la soledad no pesaba tanto. Las luciérnagas seguían danzando a su alrededor, como si fueran testigos silenciosos de un cambio. Y, en ese pequeño rincón del mundo, bajo un cielo estrellado, Shadow sintió que tal vez, solo tal vez, podía permitirse creer en ello.

Después de un largo rato en silencio, con las luces de las luciérnagas reflejándose en sus ojos rojos, Shadow exhaló lentamente. La quietud de la noche era inusual para él, tan diferente del constante movimiento al que estaba acostumbrado. Había algo en ese instante, en la forma en que las luces volaban a su alrededor, que le hacía sentir… extraño. No incómodo, pero sí fuera de lo común, como si estuviera pisando un terreno desconocido.

Inconscientemente, su mirada se desvió hacia el erizo azul a su lado. Sonic no había dicho nada en un buen rato, lo que era raro en él. Shadow se preguntó si acaso se habría aburrido de su silencio, pero entonces, casi en un susurro, pronunció su nombre:

—Sonic…

No obtuvo respuesta. En su lugar, sintió un ligero peso inclinarse contra su hombro. Shadow bajó la vista y se encontró con la imagen de Sonic, profundamente dormido, su respiración tranquila y su rostro relajado, muy distinto al que solía mostrar en plena carrera o en combate.

Pero lo que realmente llamó la atención fue que, a pesar de que Sonic se había quedado dormido, su mano aún descansaba sobre la de él. Un contacto que había permanecido allí, firme y cálido, sin que Sonic pareciera siquiera notarlo. Esa cercanía, esa sensación de que alguien lo había elegido para estar allí, le era tan ajena… y a la vez tan reconfortante.

Shadow observó cómo la cabeza de Sonic descansaba en su hombro, su respiración tranquila y serena. La imagen le resultó familiar, pero no de la manera que habría imaginado. De repente, su mente lo llevó a una escena olvidada, enterrada en su corazón. Era una imagen de María, recostada junto a él en el, hablándole sobre la Tierra, sobre todos los lugares hermosos que quería que él viera algún día.

En ese momento, él no entendía el entusiasmo de María. Pensaba que había cosas más importantes que explorar. Pero ahora, mientras estaba allí, en el campo rodeado de luciérnagas, con la calidez de otro ser vivo cerca de él, Shadow empezó a comprender lo que ella había querido decir. Tal vez, solo tal vez, ella tenía razón. La vida podía ser hermosa, incluso en las cosas más pequeñas.

Shadow desvió la mirada hacia el cielo estrellado, dejando que el silencio hablara por él. No entendía del todo lo que estaba ocurriendo, ni lo que este extraño momento significaba… pero por primera vez en mucho tiempo, la soledad no pesaba tanto.

Esta noche, al menos, no la pasaría solo.