Chapter 18: Capítulo 17

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 24621

El peso de la memoria

"¿Alguna vez has pensado que las estrellas son como la salida del sol?" dijo María, su voz suave como el viento. "Es como si, a pesar de la oscuridad, siempre hubiera algo brillante esperando para romperla. Las estrellas, aunque lejanas, nos recuerdan que no estamos tan solos. Siempre hay algo, una luz, que nos está mirando."

Shadow, reclinado junto a ella, levantó la mirada hacia el cielo. En ese momento, las palabras de María sonaban tan llenas de vida, de un futuro incierto pero esperanzador. Él las había escuchado con el corazón lleno de la certeza de que nada podría separarlos, sin entender que el futuro les tenía preparadas otras pruebas. Ahora, al recordarlas, todo lo que podía sentir era una mezcla amarga de lo que fue y lo que ya no estaba. Pensó en cuánto desearía haber aprovechado más esos momentos.

"Las estrellas..." comenzó él, sus palabras saliendo con un peso que nunca antes había tenido. "Son como recuerdos que no podemos tocar. Están ahí, sí, pero... ¿qué nos dicen realmente? A veces siento que no importa cuántas estrellas haya, siempre estoy en oscuridad."

María lo miró por un momento, y su expresión, tan suave, tan confiada, hizo que Shadow se sintiera un poco más cerca de ese pasado, aunque su presente ahora se sintiera más distante de todo eso. "Quizás es porque nunca has mirado las estrellas de la manera correcta, Shadow," dijo ella, como si esa cercanía que compartían nunca pudiera desvanecerse, como si aún pudiera alcanzar su mano. "No están ahí para iluminarte, están ahí para recordarte que, aunque todo parezca oscuro, hay algo eterno. Hay algo que siempre ha estado allí, incluso cuando piensas que estás solo."

El eco de sus palabras lo golpeó, recordándole cómo en ese momento no tenía idea de lo que el tiempo les depararía. Aún así, en ese instante, había una paz que ahora solo podía desear recuperar.

—Las entendí tarde— murmuró. —A veces desearía haber entendido esto cuando todavía podíamos ver las estrellas juntos.

Suspiró, su mirada fija en el firmamento estrellado, y al hacerlo, recordó cómo María solía inclinarse un poco hacia él, su presencia como una ancla en medio de su confusión. En su mente, el tiempo parecía haberse detenido allí, pero el dolor de la separación se filtraba en sus pensamientos como una nube gris. "Y si las estrellas representan eso... ¿qué pasa con lo que realmente nos duele, María? ¿Qué pasa con lo que nunca podemos olvidar?"

María sonrió levemente, sin apartar la vista del cielo, y sus palabras llegaron como una suave caricia, como si el tiempo no hubiera pasado. "Eso es lo que hace especial a cada estrella. Nos da la oportunidad de recordar sin que se convierta en una carga. Están ahí para reflejar lo que somos, lo que hemos sido. Y aunque no siempre veamos su luz, siempre están esperando que volvamos a verlas."

"Las estrellas... y tú, María, son lo único que me dan consuelo," dijo Shadow, su voz grave, pero suave, como si no pudiera evitar la vulnerabilidad que rara vez dejaba salir. Pensó en lo frágil que se había vuelto sin ella, y cómo ahora, sin ella cerca, todo parecía más sombrío. "A veces siento que sin ellas, sin ti, no sabría qué hacer. Si te perdiera... no sé si podría seguir adelante."

María lo miró con ternura, pero había algo en su mirada que lo hacía sentir, por un instante, que aún podían estar bajo el mismo cielo. "Nunca me perderás, Shadow," respondió, sus palabras llenas de calma, como si entendiera la angustia que pesaba sobre él. "Las estrellas siempre estarán ahí, y yo también, aunque no siempre lo veas. No estoy tan lejos como parece."

Pero Shadow, aún mirando al cielo, no podía evitar la angustia que sentía en su pecho. "A veces, incluso las estrellas parecen tan lejanas. Como si no pudieran iluminar todo lo que siento." La imagen de ella, tan viva en su recuerdo, parecía desvanecerse poco a poco, mientras sus palabras se volvían más pesadas, más desesperadas. "Si alguna vez te pierdo, no sé qué quedará de mí. Eres lo único que me da razón para seguir."

La brisa suave acariciaba sus rostros mientras las estrellas parpadeaban sobre ellos, y por un breve segundo, Shadow pensó que podía sentir la misma calidez que sintió en ese entonces. En su memoria, estaba cerca de ella, compartiendo un silencio que solo ellos podían comprender. Pero ahora, ese consuelo se sentía lejano.

María, con una sonrisa tranquila, se acercó un poco más, como si quisiera ser el ancla que lo mantuviera en el presente. "No voy a ir a ningún lado, Shadow. Las estrellas siempre estarán ahí, y yo estaré bajo ellas, contigo. No importa lo que pase."

Shadow la miró entonces, como si por fin se diera cuenta de la paz que le traían sus palabras. La luz de las estrellas parecía aliviadora, aunque solo fuera por un instante.

—Nunca te olvidaré, María. No importa cuánto cambie el mundo ni el tiempo que pase, tu luz permanecerá conmigo. Aunque el vacío sea profundo, y aunque a veces dude de todo, esa promesa es lo único que me queda. Nunca te olvidaré —. Dijo en un murmuro que se lo llevó el viento.

Shadow cerró los ojos por un momento, como si al hacerlo pudiera aferrarse a esos recuerdos. María nunca dejaría de ser su faro en la oscuridad, la razón que lo mantenía en pie, incluso cuando todo parecía derrumbarse a su alrededor. Pero no podía evitar sentirse atrapado en el peso de su ausencia. La estrella más brillante parecía apagarse con cada pensamiento que tenía sobre ella, y sin embargo, su luz seguía siendo lo único que le quedaba.

En la terraza de la casa, Shadow permanecía en silencio, sentado en las escaleras mirando al cielo estrellado. Cada estrella parecía contar una historia, una que solo él podía leer, una que lo mantenía atrapado en recuerdos que se negaban a desvanecerse. Las luces del cielo, tan lejanas y frías, parecían ofrecer consuelo, pero al mismo tiempo lo hundían más en la oscuridad que no lograba sacudirse.

No era la primera vez que pasaba una noche así. Había tantas que, con el tiempo, el dolor se había vuelto una sombra constante. Lo que comenzó como una despedida lejana, ahora se convertía en una presencia que ocupaba cada rincón de su mente. María. La persona que marcó su vida, que lo guió en su propósito, y cuya ausencia se había convertido en el peso más grande que cargaba.

El viento acariciaba su rostro, pero Shadow no se movió, ni siquiera parpadeó. El frío de la noche no le molestaba, al contrario, era como un recordatorio de lo que le quedaba: soledad y preguntas sin respuesta. A veces se preguntaba si alguna vez encontraría paz, si alguna vez podría mirar al cielo y no sentir ese vacío que lo devoraba.

De repente, escuchó el sonido de pasos acercándose. No necesitaba mirar para saber de quién se trataba. Aunque estaba acostumbrado a su presencia, esa vez le costó disimular su incomodidad. Sonic apareció en la entrada, como siempre, con su energía característica, pero hoy había algo diferente en su mirada. Sonic lo observaba, sin decir nada al principio, pero su curiosidad era palpable.

Shadow mantuvo la vista en las estrellas, como si ignorarlo fuera una opción. Sin embargo, el silencio entre ellos se hizo más pesado de lo habitual. La brisa fría rozó su piel, y por primera vez en mucho tiempo, sintió la presencia de alguien más en ese espacio que solía pertenecerle solo a él.

El erizo azúl avanzó con calma, sus pasos crujiendo en la madera. Sin esperar una invitación, pero con cuidado de no invadir demasiado, se sentó a su lado, dejando una distancia prudente. Lo había visto así muchas veces antes: la mirada fija en el cielo, el pensamiento anclado en un lugar donde nadie más podía alcanzarlo. Siempre se había preguntado qué lo mantenía atrapado en esos silencios profundos, pero nunca se atrevió a preguntarlo. Sabía que Shadow no era alguien que hablara de lo que sentía. Aun así, esta vez quería intentarlo.

El aire nocturno era frío y tranquilo. La brisa agitaba suavemente las hojas de los árboles, mientras el lejano murmullo del bosque se mezclaba con el titilar de las estrellas. Green Hill tenía un ambiente sereno por las noches, aunque Sonic no estaba seguro de si Shadow lo sentía de la misma manera.

Decidió romper el silencio con algo casual.

—Tom llamó —dijo con una sonrisa ligera—. Quería saber si estábamos bien o ya te habias arrepentido de cuidarme.

Shadow apenas reaccionó. Solo asintió con la cabeza y apartó la mirada, como si la conversación no le importara demasiado. Sonic suspiró suavemente. No le sorprendía, pero tampoco iba a rendirse tan fácil.

Aclaró su garganta antes de hablar otra vez. Su voz todavía sonaba un poco áspera por la gripe.

—¿Y tú? ¿Por qué estás aquí afuera? ¿No te molesta el frío?

Shadow tardó en responder, como si la pregunta le pareciera innecesaria. Finalmente, sin apartar los ojos del cielo, murmuró:

—Todas las noches me quedo viendo las estrellas.

Sonic inclinó la cabeza con curiosidad.

—¿Y por qué siempre lo haces solo? Nunca te he visto disfrutar el ambiente.

Shadow cerró los ojos por un instante. Cuando los abrió, su expresión era neutral, pero su mirada reflejaba un leve destello de incomodidad.

—Así lo prefiero —respondió en un tono seco.

Sonic no se dejó intimidar. En lugar de dejarlo ahí, se encogió de hombros y miró al cielo con una sonrisa.

—Debe ser aburrido solo mirar las estrellas sin alguien con quien hablar.

Shadow lo miró por primera vez en toda la conversación, pero no dijo nada de inmediato. Sonic sintió su mirada sobre él, intensa como siempre, pero no con molestia, sino con un análisis silencioso.

Dejó escapar un suspiro apenas audible y sus ojos se entrecerraron por un momento, como si estuviera procesando las palabras de Sonic. Sin apartar la vista del cielo, desvió ligeramente su postura, como si el comentario lo hubiera tocado en algún lugar más profundo de lo que quería admitir.

Después de un largo silencio, Shadow desvió la vista de nuevo.

—Las estrellas no necesitan palabras —murmuró, casi con un susurro—. Solo están ahí, sin cambiar… sin importar lo que pase.

Su tono era suave, pero no indiferente. Sonic lo notó. Algo en la forma en que lo dijo, en la manera en que su expresión se endureció levemente, le hizo pensar que no estaba hablando solo de las estrellas.

El erizo azul desvió la mirada hacia el cielo.

—Tal vez —admitió, con tono relajado—. Pero a veces, tener a alguien con quien compartirlas hace que brillen un poco más.

Shadow no dijo nada. Pero sus manos, que descansaban sobre sus rodillas, se cerraron ligeramente, como si estuviera conteniendo algo.

El silencio que siguió no fue incómodo. Solo estaba lleno de algo que Sonic no podía definir del todo. Era como si las estrellas, en su silencio eterno, les dieran espacio para pensar. Shadow no estaba acostumbrado a estas pausas, no con alguien cerca, no con alguien que pudiera estar esperando una respuesta.

Sonic observó el cielo una vez más, sin saber exactamente qué pensar. A veces, las palabras de Shadow lo descolocaban, otras veces lo dejaban con más preguntas. Sin embargo, había algo en la forma en que Shadow se cerraba que lo impulsaba a seguir, como si le diera un pequeño empujón a la conversación, sin siquiera quererlo.

—A veces las palabras no tienen que ser muchas —dijo Sonic, rompiendo el silencio con suavidad, mientras miraba a las estrellas con una nueva perspectiva—. Solo las adecuadas. A veces, lo que necesitamos no es hablar, sino saber que alguien está ahí.

Esta vez, el erizo negro no reaccionó de inmediato. Sonic lo observó de reojo. El rostro de Shadow, siempre tan controlado, mostraba una leve tensión, como si estuviera en conflicto.

Finalmente, Shadow lo miró, pero sus ojos no eran los mismos que antes. Había algo diferente en ellos, algo vulnerable, algo que Sonic no esperaba.

—Antes podía… hablar con alguien bajo las estrellas —dijo Shadow, casi en un susurro, como si las palabras le costaran—. Pero… esa persona ya no está.

La respuesta de Shadow cayó en el aire entre ellos, cargada de una verdad no dicha, algo que resonó en el fondo del corazón de Sonic. Algo que le permitió entender un poco más sobre las capas de Shadow, esas que se mantenían cuidadosamente ocultas bajo su fachada de indiferencia.

No supo qué decir al principio. No era como las otras veces, cuando él había bromeado o soltado algo despreocupado para aligerar el ambiente. Esta vez, el peso de las palabras de Shadow le llegó directamente al pecho.

Observó en silencio, sintiendo que el peso de las palabras de Shadow lo envolvía de una manera diferente. Era claro que esto no era algo que él compartiera con facilidad, y, sin embargo, lo había dicho.

—¿Hablas de María o me equivoco? —preguntó Sonic, más suave, buscando una respuesta que le permitiera comprender mejor la tormenta interna de Shadow.

Shadow permaneció quieto, los ojos fijos en el cielo, como si pudiera encontrar alguna respuesta entre las estrellas. Su voz se rompió un poco, aunque trató de mantener la calma.

—No te equivocas —murmuró. Cada palabra le costaba, como si el simple hecho de nombrarla lo desterrara de nuevo a un lugar de dolor que no quería visitar. —Cada vez que me siento a mirar las estrellas, siento como si estuviera hablando con ella otra vez. Es como si el cielo me la trajera de vuelta, aunque sé que no es real... Sé que no lo es.

Sonic no dijo nada al principio. Sabía que en este momento las palabras no serían suficientes. Sin embargo, el pensamiento de María flotaba en el aire entre ellos, pesado, tangible. Cuando finalmente Shadow se atrevió a mirarlo, Sonic vio algo que nunca había visto en él antes: una vulnerabilidad cruda, casi frágil.

—Pero no es solo eso… —continuó Shadow, su tono bajo y tenso—. Sonic, hay algo más. Es… es en ti.

Sonic lo miró con sorpresa, sin saber cómo responder, pero su voz se mantuvo firme, como siempre lo hacía cuando las palabras realmente importaban.

—¿Qué quieres decir? —preguntó, un poco confundido.

Shadow cerró los ojos por un momento, como si tratara de ordenar sus pensamientos antes de dejarlos salir. Finalmente, sus palabras fueron como un susurro que se colaba entre la distancia que había mantenido durante tanto tiempo.

—No es solo tu forma de ser, ni cómo hablas, ni siquiera cómo te enfrentas a los problemas… —dejó escapar un suspiro, su tono quebrándose ligeramente—. Es… todo. Tu forma de interactuar con los demás, tu valentía, el modo en que no tienes miedo de ser quien eres… Eso me recuerda tanto a ella. A María.

Bajó la mirada, como si al decir su nombre en voz alta, algo dentro de él se resquebrajara. Sonic sintió un nudo en el estómago. Nunca lo había escuchado hablar de ella así, con tanta vulnerabilidad.

Sonic desvió la mirada al suelo, sintiendo el peso de lo que Shadow acababa de decir. Su mente trataba de ordenar las piezas, de entender lo que significaba para él ser esa sombra de alguien que había perdido.

Finalmente, rompió el silencio, con una voz más baja de lo habitual.

—Pero… ¿tú crees que soy ella? —preguntó Sonic, desconcertado, sin saber si realmente entendía lo que Shadow estaba diciendo.

—No, no lo sé… —Respondió de inmediato, pero su voz no sonó firme. Por un momento, apretó los puños, como si estuviera peleando consigo mismo—. Pero para mis ojos, Sonic, tú eres todo lo que ella fue. Tu luz, tu forma de ver el mundo… Me hace sentir que María no se ha ido.

Shadow alzó la mirada al horizonte, pero sus ojos no parecían ver nada en particular, como si estuviera perdido en una imagen del pasado que solo él podía ver.

—Eso es lo que me hizo venir aquí, a Green Hill. —su voz se volvió más suave, más vulnerable—. Lo que me hizo quedarme observándote… buscando respuestas que ni siquiera sé si existen.

Sonic lo observó en silencio, notando por primera vez lo frágil que parecía, a pesar de su fuerza exterior.

—Cuando te vi por primera vez en París, caminando entre la multitud… por un momento, creí que era ella. —Su voz era apenas un susurro, pero cada palabra llevaba consigo un peso inmenso—. Me detuve. El corazón me dio un vuelco, como si… como si todo lo que había perdido estuviera ahí de nuevo, frente a mí.

Sonic lo miró, el peso de sus palabras calando en su pecho.

—Pero luego vi que eras tú. Solo tú. Sonic.

Sonic sintió un escalofrío recorrer su espalda. Ahora entendía. No se trataba solo de similitudes o recuerdos… Shadow había sentido, aunque fuera por un instante, la posibilidad imposible de recuperar algo que había perdido para siempre.

Shadow desvió la mirada, su expresión endureciéndose levemente, como si tratara de recuperar su compostura.

—Pero me quedé aquí porque, a pesar de todo, sigues recordándome a ella. —su voz se quebró levemente—. No de la forma en que creí que lo harías, pero en muchas otras… Y es difícil dejarlo ir.

Sonic sintió que, por primera vez, estaba viendo a Shadow sin sus barreras. No como el guerrero, ni el rival distante, sino como alguien que había pasado demasiado tiempo guardando un dolor que no sabía cómo enfrentar.

—Eso debe haber sido difícil… —murmuró Sonic, su tono suave, como si quisiera ofrecerle algo más que palabras vacías.

Shadow asintió lentamente, pero su expresión seguía siendo un enigma, un reflejo de la tormenta interna que no lograba calmarse.

—Lo es. —Hizo una pausa, respirando hondo, como si cada palabra fuera más difícil de decir que la anterior—. Es difícil dejar ir a alguien que nunca se fue realmente… porque sigo viéndola en ti.

El silencio se estiró entre ellos, pero esta vez no era incómodo. Era un espacio donde las palabras no podían alcanzar todo lo que sentían, un espacio en el que se entendían sin necesidad de decirlo todo.

Sonic cerró los ojos por un instante, dejando que las palabras de Shadow calaran en su interior. No podía imaginar cómo se sentía, pero podía ver lo mucho que significaba para él.

Finalmente, su voz se llenó de una determinación suave pero firme.

—No tienes que dejarlo ir, Shadow. María siempre va a ser parte de ti. Pero eso no significa que tengas que vivir atrapado en el pasado.

Shadow desvió la mirada, su mandíbula se tensó apenas, pero lo suficiente para que Sonic lo notara. Sus hombros se endurecieron, y sus manos, antes relajadas sobre sus rodillas, se cerraron en puños. Por un instante, Sonic sintió que había dicho lo equivocado.

El erizo azul frunció el ceño con preocupación, sintiendo una punzada en el pecho. No quería que Shadow pensara que le estaba pidiendo olvidar, que debía soltar su dolor como si fuera algo fácil de hacer. No era eso.

Respiró hondo y se inclinó apenas hacia él, con las orejas ligeramente bajas, buscando la manera correcta de decir lo que realmente quería transmitir.

—No sé si puedo darte las respuestas que buscas… —su tono bajó, más cuidadoso, más cercano—, pero si hay algo que puedo hacer, es ayudarte a encontrarlas.

Shadow no reaccionó de inmediato. Su expresión permanecía impenetrable, pero había algo en la forma en que mantenía la vista fija en la oscuridad frente a ellos, en cómo su respiración era sutilmente más pesada.

El erizo negro lo miró, y por primera vez en mucho tiempo, en sus ojos no solo había sombras… había algo más. Quizás no era esperanza, pero era el inicio de algo que podría serlo.

El viento, antes tibio, se volvió un poco más fuerte, haciendo que las hojas de los árboles a su alrededor susurraran suavemente. Un sonido que, aunque leve, parecía llenar el espacio entre ellos con una calma extraña.

Sonic se quedó ahí, con la vista fija en el horizonte, esperando alguna respuesta. No sabía si Shadow realmente aceptaba lo que le ofrecía o si estaba luchando con todo lo que sentía. Pero algo en el ambiente había cambiado. La tensión que siempre había rodeado a Shadow, esa capa de distanciamiento, comenzaba a desvanecerse, aunque fuera por un instante. Sonic lo podía sentir, y aunque no comprendía todo lo que eso implicaba, algo dentro de él lo reconfortaba.

Un leve nudo se formó en el estómago de Sonic, un sentimiento que no supo identificar del todo. No era algo que pudiera expresar fácilmente, pero escuchar a Shadow hablar de María, de cómo lo veía a él como un reflejo de lo que había perdido, le provocó una pequeña punzada en el pecho. No entendía por qué, pero esa conexión entre él y alguien tan importante para Shadow lo dejaba… incómodo, aunque no quería demostrarlo.

Shadow, por su parte, respiró hondo, como si estuviera soltando un peso invisible. Sus ojos se suavizaron un poco, pero su mirada seguía siendo seria, aún indecisa. Por un momento, Sonic pensó que no diría nada más, pero entonces escuchó su voz, suave y quebrada.

—¿Por qué quieres ayudarme? —preguntó Shadow, su tono apenas un susurro. Había algo en sus palabras, una mezcla de incredulidad y vulnerabilidad que Sonic no había esperado.

Sonic lo miró, su expresión seria pero cálida, y vio algo en los ojos de Shadow que no había notado antes. No era solo dolor, sino una búsqueda de algo más, algo que quizás ni él mismo entendía aún.

Se acercó un poco más, sus ojos brillando con una comprensión silenciosa. No necesitaba decir mucho, porque en ese simple "¿Por qué?" había una rendición, una apertura que estaba dispuesto a explorar.

—Porque no tienes que cargar con esto solo, Shadow. —Su voz era suave, pero su mirada estaba llena de una certeza que no podía ignorar—. Porque, aunque no tengas todas las respuestas ahora, quiero ayudarte a encontralas contigo.

Shadow lo miró fijamente, como si estuviera tratando de encontrar la verdad en cada palabra de él. Por un momento, el silencio se extendió entre ellos, cargado de una calma extraña pero reconfortante.

El viento soplaba con suavidad, y el murmullo de las hojas lo envolvía todo, haciendo que ese instante pareciera más significativo de lo que las palabras podían expresar.

Finalmente, Shadow respiró hondo y asintió ligeramente, la tensión que siempre había rodeado su figura comenzando a desvanecerse, aunque solo fuera un poco.

—Gracias… —dijo, esta vez con una voz más firme, como si el simple acto de hablarlo ya fuera un paso hacia algo nuevo. Era una aceptación, una rendición que, aunque silenciosa, mostraba que estaba dispuesto a permitir que alguien más estuviera allí para él.

Sonic lo miró, sus ojos brillando con una comprensión silenciosa. No necesitaba que le dijera más, porque en ese simple "gracias" había algo más que palabras: era una rendición, una aceptación de la ayuda que le ofrecía.

Por un momento, ninguno de los dos habló. El aire se sintió más fresco, como si la noche estuviera comenzando a abrir un espacio para ellos, algo nuevo, algo que aún no sabían cómo manejar, pero que sentían que, de alguna manera, podrían compartir. El futuro seguía siendo incierto, pero por primera vez en mucho tiempo, no parecía tan aterrador.

El viento había cesado, dejando una quietud en el aire que parecía envolverlos. Sonic, con el cansancio acumulado por la noche y la fiebre que seguía corriéndole por las venas, soltó un estornudo fuerte que rompió el silencio.

Shadow lo miró con una mezcla de exasperación y algo que se asemejaba a preocupación, pero no dijo nada al respecto. Finalmente, decidió que ya había pasado suficiente tiempo fuera, y con una mirada algo más dura, dijo:

—Entremos a la casa. No quiero seguir cuidándote más días.

Sonic, que estaba buscando el momento adecuado para regresar al calor de la casa, lo miró con una ligera sonrisa, sabiendo que Shadow se refería más a su cansancio que a cualquier otra cosa. Sin una palabra más, entraron a la casa, donde la luz cálida de la entrada contrastaba con el frío de la noche.

Hola 👋

¿Cómo se encuentra?

Porfin termine este capítulo pensé que no le tendría hoy pero si se pudo gente.

Si tiene alguna pregunta o duda dígame también ¿que les pareció el capítulo?

Porfin nuestro morenaso pudo decirle el motivo por el cuál él está ahí 🫣

¿De verdad creen que Sonic habrá hecho bien en querer ayudarlo a buscar respuestas o que hubieran hecho en su lugar? 🧐