Chapter 19: Capítulo 18

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 15127

¿Y si no fuera por ella...?

Cuando las palabras de Shadow se asentaron en su mente, Sonic sintió cómo algo dentro de él se tensaba, como si un hilo invisible se enredara en su pecho, apretando con cada segundo que pasaba. No supo al instante qué era lo que más le dolía: si la confesión en sí o la certeza de que, desde el principio, Shadow no lo había estado buscando por ser él, sino por el recuerdo de alguien más.

La revelación lo golpeó con una fuerza inesperada, arrastrándolo a un torbellino de emociones que no podía controlar. Sintió su propia respiración volverse más pesada, no por agotamiento físico, sino por la maraña de pensamientos que lo atrapaban. Se quedó en silencio, con la mirada perdida en un punto indeterminado, tratando de asimilar el peso de esas palabras. Shadow… había venido a él no porque lo considerara importante, no porque quisiera encontrarlo por lo que era, sino porque en él veía la sombra de alguien más.

Al darse cuenta de ello, una punzada helada le recorrió la columna. No era rabia lo que sentía, ni siquiera decepción. Era algo más profundo, más difícil de describir: una sensación de vacío, como si en un instante hubiera perdido el suelo bajo sus pies. Había creído que el regreso de Shadow tenía otro significado, que detrás de sus silencios y su mirada intensa había algo más que un fantasma del pasado. Pero ahora, con la verdad frente a él, no estaba tan seguro.

Ser comparado con María… La idea lo incomodaba de una manera que no podía explicar del todo. No tenía nada en contra de ella, de hecho, comprendía perfectamente lo que su pérdida significaba para Shadow. Pero darse cuenta de que no lo veía a él, sino a través de él, como si fuera un simple reflejo de alguien que ya no estaba… Eso le dolía. Porque, por primera vez en mucho tiempo, Sonic se sintió invisible. Como si todo lo que era—su esencia, su luz, sus pensamientos—hubiera quedado opacado por un recuerdo que nunca le perteneció.

Algo dentro de él se revolvió con amargura. ¿Acaso importaba quién era realmente? ¿Acaso Shadow habría venido de todos modos si él no le recordara a María? ¿Habría intentado acercarse si no fuera por esa conexión que solo existía en su mente? Sonic no podía evitar hacerse esas preguntas, aunque odiara el efecto que tenían en él.

Y, sin quererlo, un recuerdo enterrado en lo más profundo de su corazón emergió con fuerza.

Garra Larga.

Aquel día en que escapó por un portal de anillo, dejando atrás su mundo, su hogar… y a ella. Su protectora. La única familia que había tenido hasta entonces. La había perdido en un instante, y la soledad que lo envolvió después había sido abrumadora. Pasó años sin nadie con quien compartir su dolor, oculto en una cueva, observando el mundo desde la distancia, pero sin formar parte de él. No fue hasta que encontró a Tom, Maddie y sus amigos que entendió lo que era tener un lugar al que pertenecer.

Tal vez por eso entendía a Shadow más de lo que quería admitir. Perder a alguien que significa el mundo para ti cambia todo. Deja una herida que nunca desaparece del todo, un eco persistente de lo que fue y ya no será. Y, en el intento de llenar ese vacío, uno a veces se aferra a cualquier cosa que le recuerde a esa persona… incluso si eso significa ver algo que no está ahí.

Por un momento, Sonic sintió un atisbo de compasión mezclado con su propia tristeza.

Pero incluso con ese entendimiento, sabía que esto no podía seguir así.

Apretó los puños sin darse cuenta, sintiendo la tensión acumulada en su cuerpo. No quería alejarse de Shadow. No quería dejar que esto destruyera lo que fuera que habían construido. Porque, por más que doliera saber la razón por la que Shadow lo buscó, también podía ver la lucha en sus ojos, el peso de algo que llevaba demasiado tiempo cargando solo.

Pero había algo que debía quedar claro.

Él no era María. Nunca lo sería.

Si Shadow quería quedarse a su lado, tendría que verlo a él, no a su pasado.

Sonic se pasó una mano por el rostro y dejó escapar un largo suspiro. Su habitación, normalmente un refugio después de un día de correr por el mundo, se sentía extrañamente pequeña, como si las paredes lo estuvieran cercando. Apretó los puños sobre sus rodillas, sintiendo la tensión en cada músculo de su cuerpo.

¿Desde cuándo había comenzado a ver a Shadow de esa manera?

Al principio, todo había sido un choque de voluntades, una rivalidad construida sobre la velocidad, la fuerza y el destino que los había puesto en bandos opuestos. Pero en algún punto, algo cambió. Había aprendido a ver más allá de la frialdad en los ojos de Shadow, más allá de su actitud distante. Y, sin darse cuenta, empezó a importarle de una manera que no terminaba de entender.

Pero ahora… ¿qué significaba este dolor?

Era más que la sensación de ser visto como alguien más. Era más que la incomodidad de saber que su existencia estaba ligada a un recuerdo que ni siquiera le pertenecía. No podía evitar preguntarse… si no le recordara a María, ¿Shadow se habría quedado?

El pensamiento le provocó un nudo en la garganta. ¿Habría siquiera intentado acercarse? Y lo peor… si algún día Shadow dejaba de verlo así, si se daba cuenta de que Sonic y María no eran lo mismo… se iría?

Su pecho se oprimió con esa posibilidad. No quería admitirlo, pero el miedo estaba ahí, creciendo como una sombra dentro de él. No era solo que no quisiera ser visto como otra persona. Era que, por primera vez, temía que, cuando Shadow lo viera de verdad… simplemente no quisiera quedarse.

Con esos pensamientos pesando en su mente, Sonic sintió un impulso inexplicable de moverse, de hacer algo para alejarse de la tormenta de dudas que lo estaba envolviendo. Sin pensarlo, tomó una manta de su cama y caminó hacia el primer piso, arrastrando la cobija con suavidad. El sonido de sus pasos era lo único que rompía el silencio nocturno de la casa.

Al llegar al salón, vio a Shadow dormido en el sillón, con una mano descansando sobre su pecho. Sonic se detuvo un momento en el umbral del pasillo, observándolo en la penumbra. El rostro de Shadow, normalmente tan impenetrable, ahora parecía más vulnerable, más humano.

Un nudo se formó en el estómago de Sonic al verlo así, dormido y aparentemente en paz. ¿Cómo podía alguien tan fuerte y distante como Shadow estar tan... perdido en su propio mundo? Y, por un instante, Sonic se preguntó si eso era todo lo que Shadow necesitaba: un poco de paz, un respiro en medio de su tormenta interna.

De repente, Shadow se agitó, como si estuviera atrapado en una pesadilla. Sonic dio un paso más cerca, preocupado por lo que podría estar soñando. En el silencio de la noche, pudo escuchar las palabras escapando de los labios de Shadow, en un murmullo apenas audible pero lleno de angustia.

—No... no te vayas... —susurró, la voz quebrada, como si estuviera suplicando a algo o alguien que no podía ver.

Sonic se detuvo en seco, el corazón apretado al escuchar esas palabras, cargadas de desesperación. ¿Qué estaría soñando? ¿Por qué esas palabras? El pensamiento de que Shadow pudiera estar enfrentando algo tan doloroso en sus sueños lo hizo sentirse aún más cerca de él, aunque no pudiera entender completamente el sufrimiento que llevaba consigo.

Antes de que pudiera reaccionar, Shadow despertó de golpe, sus ojos llenos de confusión y miedo, como si intentara escapar de algo que no podía entender. Al verlo a su lado, la incomodidad se reflejó en su mirada, y Sonic, viendo esa vulnerabilidad, sintió un nudo en el pecho.

—Sonic, ¿qué haces aquí? —preguntó Shadow, frotándose la cara, todavía medio dormido.

Sonic, sin apartar la mirada de él, respondió con voz suave:

—Nada, solo bajé... y te vi. Parece que tuviste un sueño —dijo, notando la leve tensión en el rostro de Shadow.

Shadow se pasó una mano por la cara y suspiró, como si intentara despejarse de la niebla de un mal sueño que aún lo perseguía.

—Sí... solo fue un... un mal sueño —murmuró con un tono vacío y lejano.

Sonic, observando la fragilidad en su voz, recordó su propia infancia, aquellos momentos en los que las pesadillas lo acechaban. En esos días, Garra Larga siempre estaba allí, abrazándolo fuerte contra su pecho hasta que el miedo desaparecía y el sueño volvía a ser tranquilo. Sonic deseaba poder hacer lo mismo por él, ofrecerle un poco de consuelo, aunque fuera en un gesto tan simple como compartir una manta.

Sin pensarlo demasiado, se subió al sillón a su lado, deslizándose hasta quedar junto a Shadow, empujándolo ligeramente hacia el respaldo para hacer espacio.

—Oye, ¿qué haces? —dijo Shadow, confundido por la acción.

El erizo azul no le prestó mucha atención, acomodándose más y cubriéndose con la manta que traía. La suavidad del tejido contrastaba con la tensión en el aire, pero Sonic no podía evitar pensar en lo que había querido hacer durante tanto tiempo: ofrecer algo de paz a alguien que siempre había estado tan solo.

—Dijiste que fue un mal sueño —comenzó Sonic, con una pequeña sonrisa que solo la luz de la luna dejaba ver. —Cuando era pequeño, Garra Larga me abrazaba y dormía conmigo cuando tenía pesadillas. Y ya no volvía a tenerlas. Quería intentarlo contigo.

Shadow lo miró fijamente, sorprendiendo por la audacia de Sonic, pero no dijo nada. Solo se cruzó de brazos y permaneció en silencio.

—No vas a dormir conmigo, ve a tu habitación, Sonic —respondió, en un tono más bajo, pero autoritario.

Sonic se rió suavemente, como si estuviera jugando con él, pero en su tono había algo genuino. La idea de compartir ese momento no le parecía tan absurda.

—¿Y por qué no? Si ya lo hemos hecho, ¿te acuerdas? En la hierba, con las luciérnagas —bromeó, con una risa traviesa, su mirada brillando en la penumbra.

Shadow lo miró, ya sabiendo que no iba a poder evitar que Sonic insistiera, pero aún así mantuvo su postura.

—Ve a tu habitación a dormir y déjame en paz —dijo, con un tono claramente más molesto.

Sonic lo miró, sin perder la compostura, y sus ojos se suavizaron.

—Al menos déjame intentarlo, Shadow. Si vuelves a tener una pesadilla, no lo volveré a hacer. Solo un rato, ¿sí? —dijo, con una expresión comprensiva.

Shadow suspiró, claramente resignado. Sabía que, aunque lo intentara, Sonic no se iría hasta que él accediera. Quizás, por una vez, dejarlo hacer lo que quería no era tan malo.

—Está bien, solo un rato —dijo, ahora con su voz menos brusco, pero sin perder del todo su actitud desafiante.

Sonic sonrió con una expresión satisfecha, pero en el fondo sentía algo que no podía describir del todo. A veces, la cercanía de otra persona era lo único que realmente podía calmar una tormenta interna.

Se acomodó en el sillón, la manta cubriéndolos a ambos mientras el silencio llenaba la habitación. Podía sentir la respiración de Shadow cerca, un ritmo calmado pero que, aun así, no conseguía borrar la tensión que los rodeaba. A veces, el simple acto de estar cerca de alguien era suficiente para que las sombras se disiparan, aunque no todo fuera tan fácil.

Shadow se mantuvo inmóvil, sus ojos fijos en el techo, sin apartar la vista de un punto inalcanzable. Sonic, por su parte, miraba las sombras que danzaban sobre las paredes, el suave vaivén de la luz de la luna jugando sobre las superficies. El sonido de sus respiraciones compartidas, tan sincronizadas y a la vez tan diferentes, era lo único que se escuchaba en el aire.

Pasaron unos minutos antes de que Sonic hablara otra vez, su voz apenas un murmullo en la tranquilidad de la habitación.

—Oye, Shadow…

—¿Qué?

Sonic giró un poco la cabeza en su dirección, aunque no lo miró directamente.

—¿Dónde has estado quedándote todo este tiempo? Sé que ha sido en el bosque, pero nunca supe exactamente dónde.

Shadow tardó un poco en responder, como si no viera la necesidad de mencionarlo, pero al final habló con la misma calma de siempre.

—En un viejo árbol hueco. Es lo suficientemente grande para cubrirme de la lluvia y el viento.

Sonic parpadeó y lo miró con curiosidad.

—¿Eso es todo? ¿Solo… un árbol?

Shadow desvió la mirada, sin entender del todo la sorpresa de Sonic.

—No necesito más.

Sonic frunció ligeramente el ceño, aún pensando en lo que Shadow había dicho. Intentó imaginarlo, pasando la noche en ese hueco, con el viento colándose por cualquier espacio, la humedad pegándose a su piel, la lluvia golpeando la corteza del árbol. Algo en esa imagen le resultó inquietante.

—No parece un lugar cómodo —murmuró, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda—. ¿No estás cansado de pasar las noches ahí?

Shadow lo miró de reojo, con una expresión neutra.

—No —respondió simplemente—. ¿Por qué lo dices?

Sonic dudó un poco. No estaba seguro de cómo decirlo sin que sonara extraño, y parte de él temía que Shadow rechazara la idea de inmediato. Aun así, no podía quedarse callado.

—Porque… podrías quedarte aquí —dijo finalmente, mirándolo a los ojos con cierta esperanza—. Conmigo.

El erizo negro frunció el ceño con leve confusión, pero Sonic continuó antes de que pudiera decir algo.

—Podríamos compartir habitación… Seríamos roomies —añadió con un brillo en los ojos, tratando de hacer que la idea sonara atractiva.

Shadow lo miró aún más extraño. Esa palabra no le sonaba para nada familiar, pero si venía de Sonic, probablemente no era nada de su agrado.

—No sé qué significa eso —respondió sin emoción—, pero no suena como algo que me interese.

Dicho esto, se dio la vuelta, dándole la espalda a Sonic y cerró los ojos, como si con eso diera por terminada la conversación.

Sonic apartó la mirada y se encogió un poco bajo la manta, tratando de no dejar ver demasiado su decepción.

—Sí… eso creí —murmuró en voz baja, con un tono más apagado.

Hubo un silencio en el aire, y por un momento, Sonic pensó que la conversación había terminado ahí. Pero entonces, respiró hondo y sonrió un poco, aunque Shadow no pudiera verlo.

—Pero… si cambias de opinión, la oferta sigue en pie —dijo con suavidad. Luego, después de un breve silencio, agregó con un tono un poco más ligero —Además… ahora estamos en esto juntos.

Lo miró de reojo, esperando alguna respuesta, pero Shadow no dijo nada. Solo el sonido de su respiración rompía el silencio.

Aun así, se permitió cerrar los ojos con una leve sonrisa. No necesitaba una respuesta en ese momento.

No todavía.

Ahora, estaban en esto juntos. Buscarían respuestas, entenderían por qué Shadow veía a María en él. Pero en su corazón, Sonic sabía que había algo fundamental que debía quedar claro.

No podía ser solo una imagen del pasado, no podía ser solo un eco de lo que había perdido. Si Shadow decidía estar junto a él, tendría que aprender a ver a Sonic por lo que era ahora, no por lo que había sido.