Chapter 20: Capítulo 19

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 20768

Cuando el viento susurra

El silencio de la mañana se rompió con un estruendo seco. Algo cayó con fuerza al suelo, seguido de un golpe metálico y el chisporroteo de algo derramado sobre una superficie caliente.

Shadow despertó de golpe, los sonidos registrándose en su mente antes de que su cuerpo pudiera reaccionar. Se incorporó rápidamente, con una agudeza que sólo los momentos de peligro podían despertar en él. Cada uno de sus sentidos estaba alerta, buscando la causa de la intrusión, el peligro invisible que sus instintos reconocían.

Un crujido, la rotura de un plato, llenó el aire. Esa imagen era la última pieza que encajaba en su percepción. Sin pensarlo, comenzó a moverse con rapidez, sus pasos firmes, casi silenciosos, mientras su mirada se deslizaba por la sala. No encontraba ningún peligro inminente, solo un leve aroma a algo quemado que se desvanecía lentamente en la habitación.

La cocina estaba frente a él, y al cruzar el umbral, su mirada se detuvo en el caos que se desplegaba ante sus ojos.

Harina flotando en el aire, como una niebla fina, cubría las superficies. Trozos de cáscaras de huevo esparcidos por la encimera, el suelo cubierto de migas y una sustancia pegajosa que parecía extenderse más con cada paso. La sartén en el fuego emanaba un humo grisáceo, como si estuviera a punto de desmoronarse. Platos apilados sin orden, como si fueran simples objetos desechables.

Pero lo que más desconcertaba a Shadow no era el desastre, sino la imagen en el centro de todo: Sonic.

El hedor del caos, el ruido que había desatado, parecía no afectar a su amigo, quien seguía ajeno al desastre que había creado. Movía su cola al ritmo de su propio entusiasmo mientras batía una mezcla sin mayor cuidado, cubriéndose el rostro y el pelaje con restos de harina que se pegaban como si no le importara en lo más mínimo.

Shadow permaneció allí, inmóvil, incapaz de procesar lo que estaba viendo. El torbellino de caos en el que se encontraba Sonic era tan… natural, tan él, que por un momento se preguntó si estaba soñando.

—¿Qué pasó aquí? —preguntó finalmente, su tono grave, cargado de incredulidad.

Sonic, sin perder la sonrisa, giró hacia él con total naturalidad.

—¡Oh, hola, Shadow! Por fin despiertas. Estaba preparando el desayuno, quería darte una sorpresa.

Un suspiro casi inaudible escapó de los labios de Shadow. No pudo evitar mirarlo en silencio por unos segundos, su mirada fijándose en cada rincón del desastre con una mezcla de incredulidad y resignación. Sonic, como siempre, parecía no ser consciente del caos que lo rodeaba.

Decidió apartar la vista por un momento, buscando algo en la cocina que no estuviera completamente cubierto de restos de comida. Fue entonces cuando vio algo en la esquina de la encimera: una hoja de papel, casi oculta bajo una capa de harina y unas gotas de huevo. La caligrafía ordenada de Maddie estaba claramente visible, y Shadow la tomó sin dudar.

Leyó con rapidez las palabras escritas:

-No crear portales a otra dimensión.

-No inundar la casa.

-No dejar que Sonic cocine.

El subrayado en la última línea se destacó claramente.

Un tic apareció en su ojo.

Shadow bajó lentamente la nota, desviando la mirada de las palabras que ahora parecían un presagio inevitable.

El aroma a quemado se intensificó de golpe.

Se giró justo a tiempo para ver cómo Sonic, completamente ajeno a la advertencia escrita, se daba cuenta del humo que salía de la tostadora.

—¡Las tostadas!

Su exclamación fue seguida por un movimiento torpe y apresurado. Sin pensarlo demasiado, Shadow se adelantó con un impulso automático, intentando llegar antes que él. Si la cocina ya era un desastre, lo último que necesitaban era un incendio.

Pero entonces, sintió algo bajo su pie.

Demasiado tarde.

La superficie pegajosa de lo que asumió era masa hizo que su bota resbalara, su equilibrio fallara por una fracción de segundo, y para cuando intentó corregirlo, el suelo ya lo estaba recibiendo de vuelta con un impacto brusco.

La caída no fue lo peor.

El bol que Sonic había dejado sobre la encimera se volcó en el aire, esparciendo su contenido con precisión maliciosa. Shadow apenas tuvo tiempo de alzar la mirada antes de sentir el impacto de la mezcla de hotcakes cubriéndolo de pies a cabeza.

El silencio que siguió fue sepulcral.

Cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue a Sonic, aún inclinado sobre la tostadora, sosteniendo los restos carbonizados de lo que alguna vez fueron rebanadas de pan. Pero su expresión ya no estaba enfocada en su fallido desayuno.

Sonic lo miraba fijamente.

Luego, sin previo aviso, soltó una carcajada.

No fue solo una risa ligera, sino una incontrolable, llena de una diversión tan genuina que resonó en toda la cocina, como si Sonic acabara de presenciar la escena más graciosa del mundo.

Shadow, con la mezcla pegajosa aún escurriendo de su pelaje, se quedó en el suelo, inmóvil. No estaba seguro de qué le irritaba más: la humillación de haber terminado en esta situación o el hecho de que Sonic no hacía el menor esfuerzo por contenerse.

Cerró los ojos un segundo.

Respira.

No lo mates.

El sonido de las risas de Sonic continuaba, como si la idea de detenerse ni siquiera hubiera cruzado por su mente. Shadow sintió su paciencia tensarse peligrosamente.

Escuchó un ligero movimiento frente a él y, al abrir los ojos, vio a Sonic inclinándose hacia él, con una sonrisa burlona aún dibujada en su rostro.

—¿Piensas quedarte ahí todo el día? —preguntó con tono divertido, ofreciendole una mano mientras la otra aún sujetaba las tostadas carbonizadas.

Shadow no respondió de inmediato. En su mente, evaluó todas las formas posibles de desquitarse de esta humillación, desde volcar el resto de la mezcla sobre Sonic hasta sacarlo a la fuerza de la cocina y asegurarse de que no volviera a pisarla jamás.

Pero entonces, en medio de aquella risa despreocupada, Shadow vio algo más.

Un brillo en los ojos de Sonic.

No era solo diversión o simple burla por la situación en la que había quedado atrapado. Había algo más profundo, algo genuino. Era cálido, sincero, como si en ese instante, más allá de la harina en el aire y la mezcla pegajosa en su pelaje, Sonic estuviera viendo algo en él que le hacía feliz de verdad.

Y por alguna razón, ese detalle lo desarmó por un instante.

Shadow había visto muchas miradas a lo largo de su vida: miedo, respeto, desconfianza, admiración. Pero nunca una como esa. No solo lo miraba, sino que lo aceptaba, sin juicios ni expectativas.

Era especial.

Y lo peor era que, por más que intentara ignorarlo, por un breve segundo, sintió que algo dentro de él respondía a esa mirada.

Finalmente, con un suspiro largo y pesado, acepto la mano del erizo y se incorporó lentamente, la mezcla cayendo en grumos pegajosos desde su pelaje. Se sacudió con fastidio, aunque el daño ya estaba hecho.

Sonic, se giró hacia la tostadora y sacó lo que quedaba de pan. Miró los bordes negros y quebradizos, su expresión perdiendo un poco de entusiasmo.

—Parece que el desayuno se arruinó… —murmuró.

Shadow cruzó los brazos, exhalando con lentitud mientras analizaba la escena frente a él.

No dijo nada. No hacía falta. Su expresión lo decía todo.

Su mirada se desvió hacia Sonic, quien aún sostenía las tostadas carbonizadas como si estuviera decidiendo si aún podían considerarse comestibles. Su sonrisa apenas se había desvanecido, y en sus ojos todavía quedaban rastros de la diversión del momento.

No entendía cómo podía tomarse todo con tanta ligereza. La cocina parecía un campo de batalla, él mismo era una víctima del desastre, y sin embargo, ahí estaba Sonic, riéndose como si nada. Como si la idea de que algo pudiera salir mal simplemente no tuviera peso en su mundo.

Y lo peor era que, de alguna forma, esa actitud no le resultaba tan insoportable como debería.

Shadow apartó la mirada, desechando ese pensamiento antes de que pudiera profundizar más en él.

Definitivamente, este no era el día que había planeado.

Y justo cuando pensó que la situación no podía complicarse más, un sonido repentino lo hizo girar.

Patas contra el suelo. Un jadeo emocionado.

Shadow ni siquiera tuvo oportunidad de girarse antes de que Ozzy, cubierto de harina y con la misma energía explosiva de su dueño, irrumpiera en la cocina.

El perro se detuvo justo frente a él. Lo olfateó una vez. Luego otra.

Y sin previo aviso, decidió que Shadow era ahora su desayuno.

—¡Ozzy, no! —exclamó Sonic, divertido, cuando el perro se lanzó a lamer la mezcla de hotcakes pegada en el pelaje de Shadow.

Intentó apartarse, su dignidad aferrándose a un último hilo de paciencia.

Fue inútil.

El perro era insistente.

—Aléjate… —gruñó, apartándolo con el brazo.

Ozzy simplemente movió la cola y se relamió el hocico, satisfecho.

Sonic observó la escena por un momento, y luego sonrió de nuevo.

—Bueno… al menos alguien disfrutó del desayuno.

El caos a su alrededor era absoluto. Harina en el suelo, la mesa cubierta de ingredientes esparcidos, un olor extraño impregnando el aire… Shadow sentía que su paciencia estaba llegando al límite. El desorden no era lo que más le molestaba—era Sonic. Su actitud relajada, la risa despreocupada, ese brillo en sus ojos... parecía desafiar toda lógica. Lo estaba volviendo loco.

Apoyó una mano en la encimera con los puños cerrados, respirando profundo, obligándose a mantener la compostura. Nunca nadie lo sacaba de sus casillas con tanta facilidad. Pero este erizo lo lograba sin siquiera intentarlo.

—¿Crees que esto es gracioso? —su voz sonó firme, casi un gruñido, con la mirada clavada en Sonic.

El erizo dejó escapar una última risa antes de notar la tensión en el aire. Se forzó a calmarse, pero aún mantenía esa media sonrisa.

—Tranquilo, es solo un accidente. —Se llevó una mano a la cintura con naturalidad, como si aquello no fuera gran cosa.

Shadow entrecerró los ojos.

—¿Un accidente? —repitió, su tono impregnado de incredulidad—. Esto no es un accidente… Esto lo provocaste tú.

Con un gesto amplio, señaló el desastre a su alrededor: la cocina hecha un campo de batalla, el suelo pegajoso por lo que fuera que Sonic había derramado, el perro aún correteando entre los restos de lo que probablemente había sido su intento de cocinar.

—Mira el desorden que tienes. ¿Acaso piensas antes de hacer las cosas? ¿Al menos te das cuenta de lo que estás haciendo?

Sonic apartó la vista por un momento y, al recorrer el desastre con la mirada, fue consciente de la magnitud del caos.

—Yo… quería… —Su voz sonó más baja, como si de repente le costara hablar—. Quería agradecerte… por quedarte. Ya me siento mucho mejor.

Las palabras de Sonic no tenían la misma confianza de antes. Se notaba en la forma en que dudó antes de terminar la frase, como si temiera que su intención no fuera suficiente.

Shadow pasó una mano por su frente, sintiendo el peso de su propio enojo.

—No tengo por qué aguantar esto… Por eso siempre terminan dejándote solo.

Las palabras salieron sin filtro, impulsadas por la frustración del momento. Y en cuanto las dijo, supo que había cometido un error.

Sonic no respondió de inmediato. Su cuerpo se tensó sutilmente, como si esas pocas palabras hubieran golpeado más fuerte que cualquier ataque. Bajó la mirada, cruzando los brazos sobre su pecho en un gesto defensivo. Sus orejas, normalmente erguidas y atentas, se inclinaron hacia abajo.

Shadow sintió cómo algo le pesaba en el pecho.

Había visto a Sonic enfrentar enemigos con una sonrisa arrogante, desafiar el peligro con esa actitud despreocupada, pero ahora… ahora parecía más pequeño, como si por primera vez en mucho tiempo, le hubieran dado donde realmente dolía.

Algo dentro de él quiso corregirlo, quiso decirle que no lo había dicho en serio, que fue solo el enojo hablando. Su cuerpo reaccionó antes que su mente, dando un paso al frente, alzando una mano para tocar su hombro. Pero en el último segundo, se detuvo.

No lo hacía. Nunca lo hacía. No era alguien que se disculpara fácilmente.

Pasó una mano por su cabeza y soltó un suspiro frustrado.

—Voy a ducharme.

Su voz sonó áspera, pero esta vez sin la dureza de antes.

Sonic no dijo nada. Apenas asintió y se giró lentamente, dándole la espalda.

Y Shadow sintió que su propio corazón pesaba más de lo que debería.

Sin decir una palabra más, se alejó, dejando tras de sí un silencio que se sentía más denso que todo el desastre en la cocina.

...

El sonido del agua corriendo en la ducha había sido lo único que llenó el silencio durante los últimos minutos. Ahora, con el baño ya en calma, Shadow salió del cuarto con el pelaje aún húmedo y una toalla alrededor de su cuello con la expresión más cerrada de lo habitual.

La casa estaba en un extraño estado de quietud. El desastre en la cocina había sido limpiado en su mayoría—o al menos lo suficiente como para que no pareciera que un tornado había pasado por ahí. Sonic estaba sentado en el sofá, con la televisión encendida, pero su mirada no estaba realmente fija en la pantalla. Parecía distraído.

Shadow se quedó un momento en el umbral, sin moverse. No había esperado que Sonic siguiera ahí, y menos que el ambiente estuviera tan… denso.

—El baño es todo tuyo —dijo al final, su tono neutral, casi frío.

Sonic parpadeó, como si acabara de darse cuenta de su presencia. Se tomó un segundo antes de ponerse de pie.

—Bien.

No hubo bromas, ni comentarios ligeros. Solo esa única palabra y el sonido de sus pasos alejándose.

Shadow frunció levemente el ceño. Estaba acostumbrado al silencio, lo prefería incluso. Pero este era diferente. Este tenía peso.

Se dejó caer en uno de los sillones, cerrando los ojos un momento. Había dicho algo que no debía. Y lo sabía.

Apretó la mandíbula y exhaló con pesadez.

Era solo cuestión de tiempo antes de que Sonic actuara como siempre… ¿cierto?

Pero, por primera vez desde que había llegado a esa casa, no estaba tan seguro.

Después de que Sonic salió de la ducha, ni siquiera se molestó en mirarlo. Se limitó a caminar directo a su habitación, como si Shadow no estuviera allí. El sonido de sus pasos subiendo las escaleras fue lo único que rompió el silencio denso que llenaba la casa. Shadow permaneció allí, quieto, observando el vacío que dejaba su ausencia. Pensó que, tal vez, Sonic volvería a bajar, como siempre lo hacía. Tal vez haría alguna broma o simplemente hablaría, buscando el contacto que normalmente compartían. Pero no fue así. Pasaron más de 60 minutos, y Sonic no dio señales de vida.

El silencio se volvió insoportable. Shadow frunció el ceño, y la paciencia que había logrado mantener comenzó a desvanecerse. ¿De verdad Sonic estaba haciendo una escena por algo tan trivial? ¿Era eso lo que le molestaba tanto? Sus palabras, tan insignificantes… ¿realmente habían dejado una huella en él? A Shadow le pareció más una rabieta infantil que un conflicto genuino, y eso le sacaba de quicio. No estaba para esto. No con Sonic. No en este momento.

Un suspiro cargado de frustración salió de sus labios mientras se levantaba del sillón, decidido a dejar el lugar. No quería perder el tiempo con estos juegos. Caminó hacia la puerta con pasos firmes, alejando los pensamientos que comenzaban a atormentarle. Pero, justo cuando estuvo a punto de tocar el pomo, una extraña sensación lo detuvo. Una presión invisible lo envolvió, como si algo hubiera tocado su alma, frenándolo justo antes de poder actuar.

Miró su palma, buscando alguna explicación, pero no encontró nada. Era como si esa sensación proviniera de algún lugar ajeno a él, algo que no podía comprender pero que lo envolvía por completo. En su pecho, la incomodidad creció, y por un momento, la presencia le pareció tan cercana que casi podía sentirla.

Sin poder evitarlo, sus ojos se dirigieron hacia la habitación de Sonic. Fue un movimiento involuntario, como si algo lo atrajera. Y fue en ese instante cuando lo escuchó, un susurro bajo, lejano, pero presente. Algo en su interior tembló al escucharlo, un eco que le hablaba con una suavidad inquietante, como si le pidiera que regresara.

Era una voz que no podía identificar, ni en su mente ni en su corazón, pero lo hacía sentirse extraño, vulnerable. El susurro le pedía que no se fuera, que no dejara el lugar. Shadow no entendía por qué sentía esa urgencia, pero algo en él, algo profundo y desconocido, le decía que debía escuchar.

Sin darse cuenta, sus pasos lo guiaron de vuelta a la habitación de Sonic, una fuerza invisible impulsándolo, como si ese fuera el único destino posible.

Al subir la escalera, un silencio casi sofocante lo recibió. La habitación estaba intacta, pero vacía. No se sentía la presencia de Sonic en ningún rincón, como si nunca hubiera estado allí. Shadow frunció el ceño.

¿Dónde estaba? ¿En qué momento había salido sin que él lo notara?

—¿Sonic?

Lo llamó, esperando una respuesta, pero el único sonido que obtuvo fue el eco de su propia voz.

La incomodidad se transformó en una urgencia inexplicable. Se acercó a la cama y apartó las sábanas, como si de alguna forma Sonic pudiera haberse escondido ahí. Nada. Abrió los cajones, revisó cada rincón de la habitación. Nada.

Con un nudo de irritación en el pecho, bajó al primer piso. Buscó en la cocina, el baño, la sala de estar, el patio… Pero no había ni rastro de él.

Su ceño se frunció aún más.

Al principio, la idea de que Sonic estuviera escondiéndose solo para fastidiarlo le pareció típica de él. Pero cuanto más buscaba sin encontrar rastro alguno, más esa molestia se transformaba en algo más pesado. Una punzada de inquietud empezó a instalarse en su pecho, como una advertencia sorda que no podía ignorar.

Entonces, su mirada se desvió hacia el bosque.

Apretó los puños.

A veces, Sonic era tan predecible. Por supuesto, ahora que ya no estaba enfermo, lo primero que haría sería salir a correr. Seguro estaba aprovechando la libertad que le había sido negada los últimos días. En algún momento, regresaría.

Shadow estaba a punto de darse la vuelta y volver al interior de la casa cuando un pensamiento lo golpeó como un rayo.

¿Y si no?

¿Qué tal si el dron volvía, igual que la última vez?

La imagen de aquel ataque, de Sonic en peligro, lo atravesó como una daga.

—Maldito erizo… —masculló entre dientes, con la mandíbula tensa.

Si se había expuesto así, lo mataría cuando lo encontrara.

Pero antes de eso… tenía que encontrarlo.

Sin perder más tiempo, se lanzó hacia el bosque, su voz rompiendo el viento al llamarlo.

—¡Sonic!

Nada. Solo el murmullo de las hojas agitándose con la brisa nocturna.

Corrió por los senderos que solían recorrer juntos, revisó cada rincón donde solían detenerse. El frío se volvía más intenso con cada minuto que pasaba, el viento se filtraba entre los árboles como un susurro inquietante.

Llamó su nombre una vez más, pero solo el viento le respondió.

Era extraño. Normalmente, el bosque siempre tenía algún sonido: el crujido de las hojas, los insectos escondidos entre la hierba, el lejano ulular de un búho. Pero ahora… nada. Como si el mundo entero contuviera la respiración.

Se impulsó hasta las copas más altas, sus ojos escarlata escaneando el terreno en busca de algún rastro. Pero no había nada. Ni huellas, ni señales de movimiento.

El tiempo avanzaba, la inquietud en su pecho se expandía. Llegó hasta donde habían visto las luciérnagas aquella vez, esperando, tal vez, encontrarlo allí. Pero el lugar estaba vacío.

Shadow cerró los ojos un instante, frustrado.

Quizás ya había vuelto a la casa y él estaba aquí perdiendo el tiempo…

Pero entonces, justo cuando estaba a punto de regresar, una brisa helada recorrió su espalda.

Y con ella, esa voz.

Un susurro, casi imperceptible, pero lo suficientemente nítido como para erizarle el pelaje.

Shadow se detuvo en seco.

Era la misma sensación de antes, la misma presencia inexplicable que parecía empujarlo hacia un camino que no entendía.

Su respiración se volvió pesada, su instinto gritándole que estuviera alerta. ¿Acaso lo había imaginado? No podía ser. Había sentido algo, algo real.

Su mirada se deslizó entre los árboles y entonces lo vio.

Un agujero en la tierra, oculto entre la maleza. No era demasiado grande, pero tampoco pequeño… y por alguna razón, una sensación fría recorrió su columna vertebral al verlo.

Algo le decía que debía acercarse.

No pudo ignorarlo.