Chapter 5: Capitulo 4

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 12136

En cima de la colina

Varios minutos habían transcurrido desde que la carrera terminó, y Shadow seguía sentado en la cima de la colina, inmerso en sus pensamientos. La imagen de María—su risa, su desafiante “¿puedes atraparme?”—se entrelazaba con la sensación del viento y el sol naciente, tiñendo el horizonte con un matiz de nostalgia. Su mente oscilaba entre el pasado y el presente, reviviendo aquellos días en el laboratorio donde la inocencia y los juegos llenaban sus momentos.

Mientras permanecía atrapado en esos recuerdos, cada latido le recordaba la lucha constante entre la sombra del pasado y el impulso del presente. Pero un gesto familiar lo sacó de su ensoñación.

Sonic, quien había estado junto a él desde el final de la carrera, se inclinó para sacar un taper de su bolso. Con una sonrisa despreocupada y esa chispa traviesa en los ojos, se lo extendió a Shadow.

—Toma, Shadow —dijo con tono animado—. Maddie preparó esto para la cena. Como no quisiste ir, saqué un poco para ti. Pensé que tendrías hambre.

Shadow tomó el taper sin decir nada y lo abrió lentamente. Al hacerlo, se encontró con un desastre culinario: la salsa, los trozos de carne y los demás ingredientes estaban esparcidos sin orden por todo el envase. Miró el contenido con expresión confusa antes de volverse hacia Sonic, esperando una explicación.

El erizo azul, al notar su reacción, se rascó la cabeza y soltó una risa nerviosa.

—Eeh… creo que no debí correr con esto en mi bolso —admitió—. Ups, mi error.

Sonrió como si eso bastara para librarse de cualquier responsabilidad.

Mientras Sonic se reía del asunto, Shadow observó el taper con una mezcla de desconcierto y resignación. No entendía cómo el erizo podía tomarse todo con tanta ligereza, pero tampoco tenía la energía para cuestionarlo. Sin decir una palabra, tomó un bocado. El sabor estaba intacto, aunque la presentación dejara mucho que desear.

Sonic, satisfecho con que Shadow hubiera aceptado la comida, se dejó caer, cruzando los brazos detrás de la cabeza y observando el cielo. El momento era simple, casi trivial, pero de algún modo, en medio de todo ese caos, había una extraña sensación de normalidad.

El silencio entre ambos se extendió por unos minutos más, solo interrumpido por el sonido del viento agitando la hierba y el murmullo lejano del bosque. Shadow terminó de comer con calma, mientras Sonic seguía recostado, con los ojos entrecerrados y una expresión relajada.

Pero de pronto, Sonic sonrió levemente y giró la cabeza hacia él.

—Oye, casi lo olvido —dijo con tono despreocupado—. Teníamos una apuesta, ¿no?

Shadow lo miró de reojo, recordando la promesa que habían hecho antes de la carrera.

—Hmph, ¿y qué quieres?

Sonic se incorporó ligeramente, apoyándose en un codo. Su sonrisa se suavizó, dejando entrever algo más de curiosidad en su expresión.

—Quiero que me respondas algo —dijo—. Desde que volviste, hay algo que no me deja tranquilo… ¿Cómo llegaste hasta aquí, a Green Hill?. Han pasado tres meses desde el incidente con el Cañón Eclipse. Cuando te vi en el bosque, fue como si hubieras aparecido de la nada. Así que dime, ¿qué hiciste todo este tiempo?

La pregunta flotó en el aire por unos segundos. Shadow desvió la mirada hacia el horizonte, analizando su respuesta. No era algo que le costara decir, pero tampoco era una historia que hubiera planeado compartir.

Finalmente, después de unos segundos de silencio, exhaló con suavidad y respondió:

—Estuve viajando... Y en unos de mis viajes te vi en París… y escuché el nombre de este lugar.

Sonic parpadeó, sorprendido.

—¿París? —repitió, como si intentara procesarlo—. Espera, espera… ¿Me viste allá? ¿Cuándo?

Shadow no respondió de inmediato. Su mirada permaneció fija en el paisaje, como si reviviera el momento en su mente.

—Hace un mes.

Sonic se quedó en silencio por un momento, tratando de recordar. Él y su familia habían estado en París durante unas vacaciones, pero en ningún momento se había percatado de la presencia de Shadow.

—Así que… me seguiste hasta aquí.

No era una pregunta, sino una afirmación. Shadow cerró los ojos por un instante antes de volver a abrirlos.

—Quería entender algo.

Sonic no insistió más.

Sonrió de medio lado y se dejó caer nuevamente sobre la hierba.

—Bueno, cumpliste con la apuesta —dijo con un tono ligero—. No puedo quejarme.

Shadow no respondió, pero su mente seguía anclada en el recuerdo de aquel día en París. Había pensado que solo estaba observando, tratando de encontrar respuestas. Pero ahora, sentado allí, en Green Hill, junto a Sonic, se daba cuenta de que su viaje lo había llevado a algo más.

...

El sonido del viento volvió a llenar el espacio entre ellos, deslizando corrientes frescas sobre la cima de la colina. La hierba se inclinaba con cada ráfaga, y a lo lejos, el murmullo del río serpenteando entre las rocas rompía el silencio con su fluir constante. El mundo a su alrededor parecía respirar con una quietud serena, interrumpida solo por el eco lejano de algún insecto entre la hierba.

Sonic seguía recostado en la hierba, los brazos cruzados tras la cabeza, observando el cielo con una expresión pensativa. El sol aún dominaba el horizonte, tiñendo el cielo de tonos cálidos, mientras que sus ojos brillaban con la luz del atardecer. Era como si buscara respuestas en el vasto cielo, aunque aún no supiera cómo formular las preguntas correctas.

A su lado, Shadow permanecía en silencio, la espalda recta y la mirada fija en el horizonte. A simple vista, parecía inmóvil, pero sus pensamientos eran una tormenta contenida. La pregunta de Sonic aún flotaba en su mente.

—¿Y? —preguntó Sonic de repente, rompiendo la quietud con su tono despreocupado.

Shadow giró la cabeza apenas, como si la pregunta lo hubiera sacado de un trance, pero no respondió de inmediato.

—Dijiste que querías entender algo —continuó Sonic, sin apartar la vista del cielo—. ¿Lo lograste?

La pregunta pesaba más de lo que parecía. Shadow la dejó suspendida en el aire por unos instantes, permitiendo que se hundiera en su mente. Había llegado a este lugar con un propósito claro: entender por qué Sonic le recordaba tanto a María. Pero ahora, después de haberlo visto de cerca, después de haber sentido su presencia más allá de una simple imagen en la distancia… la respuesta se le escapaba. Cada vez que creía acercarse a ella, se desdibujaba entre las sombras del pasado y la luz incierta del presente.

—No lo sé —admitió finalmente, su voz sonando tan serena como distante.

Sonic desvió la mirada hacia él, observándolo con atención, como si buscara algo más allá de esas palabras.

—Vaya, eso no suena como algo que diría el ‘definitivo’ —comentó con una media sonrisa, su tono ligero pero sin burla real.

Shadow cerró los ojos un instante y exhaló suavemente, dejando que la brisa nocturna se llevara el peso de la conversación.

—No todo tiene una respuesta inmediata.

Era una verdad que había aprendido a la fuerza. A lo largo de su existencia, había sido impulsado por certezas absolutas, por verdades incuestionables que guiaban sus pasos. Pero ahora, enfrentaba una incertidumbre que no podía resolver con fuerza ni con lógica.

Sonic lo miró un poco más, su expresión más tranquila que antes.

—Supongo que tienes razón —admitió—. A veces las cosas tardan en tener sentido.

El silencio volvió a instalarse entre ellos, pero esta vez no era vacío ni incómodo. Era un silencio compartido, lleno de significado, de pensamientos no dichos, de respuestas aún por descubrir. El viento siguió soplando, meciendo la hierba como una canción sin letra, y la noche continuó su curso, indiferente a las dudas y certezas de los dos erizos que compartían aquel momento.

Sonic entrecerró los ojos y dejó escapar una pequeña sonrisa, como si aquella conversación le brindara una tranquilidad inesperada. Sin previo aviso, apoyó una mano en el hombro de Shadow. El erizo negro dio un leve sobresalto, su cuerpo reaccionando por instinto, y sus ojos se encontraron con los de Sonic, atrapado por su inesperado gesto.

—De todos modos, me alegra que estés aquí.

Shadow se quedó quieto. No respondió de inmediato, pero sus dedos apretaron levemente el borde del taper vacío en su regazo. Un gesto sutil, casi imperceptible, pero que decía más de lo que cualquier palabra podría expresar.

No estaba listo para decirlo en voz alta, pero quizás, en lo más profundo de su ser, también empezaba a sentir lo mismo.

Por ahora, eso era suficiente.

Varios minutos más pasaron en ese silencio compartido, el tipo de silencio que no era incómodo, sino pleno, como si los dos pudieran existir sin necesidad de palabras. Sonic seguía allí, recostado en la hierba, mirando el cielo teñido de tonos cálidos por el sol poniente, con una expresión relajada. A su lado, Shadow permanecía inmóvil, su mente aún ocupada por los eventos de la tarde, el extraño lazo que comenzaba a formarse entre él y Sonic. El viento seguía soplando suavemente, meciendo las hierbas, y el murmullo lejano del río parecía seguir el ritmo de sus pensamientos.

Fue Sonic quien rompió el silencio de nuevo.

—Bueno, ya es tarde —dijo con un tono tranquilo, pero con una ligera sonrisa. Se incorporó lentamente, estirando sus brazos hacia el cielo como si intentara alargar el momento un poco más. Luego se giró hacia Shadow—. No quiero que nadie se entere que no estoy en la cama aún.

Shadow asintió en silencio, sus ojos aún fijos en el horizonte, como si las respuestas que buscaba estuvieran ocultas en la oscuridad de la noche. Sonic empezó a levantarse, pero antes de irse, se volvió una última vez hacia él.

—Te veo mañana —dijo con una sonrisa amistosa, la misma sonrisa despreocupada que siempre llevaba consigo.

Shadow no respondió, pero la ligera inclinación de su cabeza fue suficiente para reconocer la despedida. Sonic, sin esperar más, se alejó en dirección a la casa, sus pasos ligeros y rápidos, como siempre.

La sombra de la colina se fue alargando, y el erizo negro permaneció allí, quieto, dejando que el silencio lo envolviera. La tarde se desvaneció lentamente, y con ella, todos los momentos compartidos. El viento ahora no parecía tan amable, más bien era un recordatorio de lo efímero que podía ser todo.

Las palabras de Sonic seguían flotando en su mente. "Me alegra que estés aquí." No era mucho, no era nada particularmente profundo. Pero para Shadow, significaba más de lo que cualquier conversación profunda podría haber logrado. Había algo en ese simple gesto, en la forma en que Sonic parecía relajado y tan dispuesto a compartir algo de su mundo, que desmoronaba las barreras de Shadow.

Él había llegado a Green Hill con una sola misión en mente: encontrar respuestas. Respuestas sobre Sonic, sobre la conexión que sentía con él, sobre por qué ese erizo lo hacía recordar tanto a María. Pero ahora, en la quietud de la colina, algo dentro de él comenzaba a desmoronarse. Las respuestas no eran tan claras, no eran tan fáciles de encontrar. Y, sin embargo, algo le decía que ya no importaba tanto la respuesta. Tal vez lo que realmente importaba era este momento, este silencio compartido, la manera en que se había sentido, aunque fuera solo por un breve instante, parte de algo más grande.

El sol se ocultaba poco a poco, dejando atrás una estela de colores cálidos en el horizonte. Shadow no se movió. No quería moverse. De alguna manera, sentía que si se levantaba, si regresaba a su vida anterior, todo lo que había sucedido esa tarde se desvanecería. Así que permaneció allí, en el mismo lugar, sintiendo la brisa fría de la noche acariciar su piel, dejando que sus pensamientos se sumieran en la quietud del momento.

El tiempo siguió su curso, y Shadow se quedó allí, en la cima de la colina, bajo el vasto cielo estrellado. Y por primera vez en mucho tiempo, se permitió simplemente ser.