Chapter 7: Capitulo 6

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 21541

Un camino sin retorno

Parte2

No importa cuántos lugares recorra, el mundo siempre sigue su curso, indiferente a todo. Las personas ríen, conversan, siguen adelante sin detenerse a mirar atrás. Y yo... yo camino entre ellas como un espectro, sin dejar rastro, sin pertenecer realmente a ninguna parte. Tal vez así está destinado a ser. Tal vez así está bien.

O eso creía.

Ahora estoy aquí, con él.

Sonic camina a mi lado como si este mundo fuera suyo, como si cada rincón le diera la bienvenida sin esfuerzo. Se mueve con una facilidad que me resulta ajena, como si no conociera el peso de las sombras. Es molesto... y fascinante al mismo tiempo. Y yo, atrapado en este papel absurdo de pasar desapercibido, me pregunto por qué acepté esto en primer lugar.

¿Por qué sigo cerca de él? ¿Por qué, si todo lo que hago es observarlo, buscando en sus gestos algo que me haga entender por qué me trae a ti? ¿Por qué esa sonrisa suya, esa mirada tan llena de vida y esperanza, me recuerda tanto a la tuya? No es posible... pero ahí está, una sensación que no se puede ignorar, una herida que nunca termina de sanar.

Así, por ti, María...

Por ti estoy haciendo esto. Llevo tiempo a su lado, esperando que algo, algo en él, me dé la respuesta. Pero no sé si lo encontraré. ¿Acaso es justo? ¿Es esto lo que debo hacer? Seguir buscando en él un reflejo de lo que perdiste, de lo que nunca volverá.

María, ojalá estuvieras aquí, para darme la respuesta que siempre tienes. Aquella certeza que siempre me dabas cuando las sombras me rodeaban, la paz que lograba encontrar en tus palabras. Pero ahora, aquí, todo es confuso, todo es incierto. Y yo, sin ti, solo sigo caminando, buscando lo que no sé si quiero encontrar.

...

El sol resplandecía en lo alto del cielo despejado de Green Hill, derramando su cálido resplandor sobre el tranquilo pueblo. La brisa fresca se deslizaba suavemente entre las calles, mezclándose con el murmullo de las conversaciones, el sonido pausado de los autos y el alegre canto de las aves que revoloteaban entre los árboles. Era uno de esos días perfectos, donde todo parecía fluir con armonía, como una escena sacada de una postal.

Entre la multitud, dos figuras avanzaban con aparente naturalidad, o al menos, eso intentaban. Shadow vestía un polerón negro con capucha, suficientemente amplio para ocultar la mayoría de sus rasgos, con unos lentes de sol, para ocultar el brillo rojo de sus ojos. Su postura era rígida, sus pasos medidos, como si estuviera en constante alerta, esperando que así no llamara la atención de nadie.

A su lado, Sonic contrastaba con su actitud relajada. Llevaba una polera ligera y una camisa desabrochada encima, dejando que el viento agitara suavemente la tela. Como toque final, un sombrero de vaquero descansaba sobre su cabeza, un hallazgo curioso de la casa de Tom que había decidido usar sin pensarlo demasiado. Caminaba con las manos en los bolsillos, su expresión despreocupada y su característico aire confiado, como si nada en el mundo pudiera alterar su calma.

—¿Ves? No es tan malo— comentó Sonic con un tono relajado, echando un vistazo al entorno mientras caminaban. —Nadie nos mira raro ni está sospechando nada.

Sin embargo, Shadow no compartía la misma calma. Caminaba con las manos dentro de los bolsillos de su polerón, la cabeza ligeramente agachada, como si quisiera fundirse con el pavimento.

—No entiendo el propósito de esto— gruñó, sin desviar la vista del camino.

—¡Explorar, Shadow!— Sonic levantó los brazos en un gesto amplio, como si estuviera presentando el pueblo. —Conocer el mundo de una forma diferente. Ya sabes, sin que todo el mundo corra gritando "¡Miren, los erizos más rápidos del planeta!"

Shadow soltó un bufido, visiblemente incómodo.

—Dudo que eso pase con ese sombrero ridículo en tu cabeza.

Sonic soltó una risa contagiosa, ajustando el sombrero con una sonrisa traviesa.

—¿Ridículo? ¡Por favor! Me veo genial— dijo, moviendo el sombrero de lado con un toque de teatralidad. —Y si alguien llega a sospechar, basta con que actuemos con naturalidad.

—Eso es exactamente lo que estoy haciendo— replicó Shadow, con un tono tajante.

Sonic lo miró de reojo, y una sonrisa divertida se dibujó en su rostro.

—No, tú pareces un tipo que está tramando un atraco a plena luz del día.

Shadow apretó los dientes, incómodo, y ajustó su capucha con una leve molestia.

—Entonces dime, ¿qué se supone que hagamos aquí?

Sonic, con una sonrisa cargada de emoción, se detuvo de repente y miró a Shadow con entusiasmo.

—¡Vamos! Te llevaré a un lugar mágico— dijo, casi como si estuviera compartiendo un secreto.

Shadow apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Sonic, con su energía característica, lo tomara del brazo y comenzara a caminar rápidamente. Aunque intentaba mantener el paso firme, Shadow no pudo evitar sentirse arrastrado por la insistencia de Sonic.

La calle se fue estrechando mientras se alejaban de la multitud, y pronto llegaron frente a una pequeña panadería, con el aire dulce y cálido que salía de sus puertas.

Shadow, con una ligera expresión de duda, miró el cartel de madera con letras pintadas a mano.

—¿Qué es esto?— preguntó, sin dejar de observar el lugar con cierto escepticismo.

Sonic, ajeno a cualquier duda, sonrió de oreja a oreja y señaló el cartel con una exagerada reverencia.

—¡Bienvenido a La Casa de los Sueños Dulces! Aquí es donde se hornean las mejores donas y panes del mundo— dijo con entusiasmo, como si se tratara de una joya secreta que acababa de descubrir. —Y te aseguro que aquí viene hasta Lord Dona a disfrutar de sus delicias.

Shadow parpadeó, claramente confundido.

—¿Lord Dona?— preguntó, sin entender quién podría ser ese personaje tan peculiar.

Sonic, con una risa juguetona, empujó la puerta de la panadería y entró sin esperar respuesta.

—No te preocupes por eso. ¡Vente, que te invito!— dijo, sin mirar atrás.

Shadow, aún con una mirada crítica, se siguió a regañadientes. Al atravesar la puerta, un torrente de aromas irresistibles lo envolvió: pan recién horneado, azúcar, canela... El aire estaba impregnado de una sensación acogedora que hizo que hasta él, el más escéptico de los dos, se relajara un poco.

Las vitrinas estaban repletas de donas de todos los colores y tamaños, con glaseados brillantes y rellenos que solo el mirar hacía salivar. Sonic, con una sonrisa triunfante, se acercó al mostrador.

—¡Dame una dona de chocolate y una de fresa!— pidió sin dudarlo, como si lo hiciera todos los días.

Shadow observó a su alrededor, sintiéndose algo fuera de lugar. Se acercó al mostrador, pero antes de pedir, lanzó una mirada rápida a los clientes del lugar.

—Espera, no crees que estás llamando demasiado la atención— dijo, en un tono preocupado, señalando discretamente a algunas personas que se encontraban en las mesas cercanas.

Sonic lo miró y, tranquilamente, levantó una dona ya en la mano.

—Tranquilo, Shadow— respondió, guiñándole un ojo.

Sin embargo, justo en ese momento, un hombre de mediana edad que estaba en el mostrador se acercó a Sonic con una sonrisa entusiasta.

—¡Sonic! ¡Qué gusto verte!— saludó, extendiendo la mano para un apretón.

Sonic, con la misma alegría de siempre, le chocó la mano y respondió en tono amistoso.

—¡Hey, amigo! ¡Todo bien!— dijo, como si se conocieran de toda la vida.

Poco después, una joven con un delantal que llevaba la insignia de la panadería se acercó también, saludando a Sonic con una sonrisa cálida.

—¡Sonic! ¡Qué alegría verte por aquí!— exclamó con una sonrisa amplia.

Sonic le devolvió el saludo con la misma calidez.

—¡Un placer!— dijo, mientras aceptaba la dona que le ofrecían.

Shadow, que hasta ese momento había estado observando todo en silencio, no podía creer lo que veía. Los ojos de su compañero se iluminaban con la misma facilidad con la que saludaba a todo el mundo. Sonic parecía estar en su elemento, rodeado de personas que lo conocían y lo saludaban como si fuera un viejo amigo.

Shadow, incapaz de ocultar su asombro, murmuró para sí mismo.

—No... puede ser...— murmuró, frunciendo el ceño mientras llevaba las puntas de sus dedos a su frente. Su expresión era una mezcla de frustración y confusión. ¿Cómo había sido tan ciego? Se había convencido de que podrían pasar desapercibidos, que podrían estar en un lugar donde nadie los reconociera. Pero allí estaba, rodeado de personas que saludaban a Sonic con una familiaridad que no podía ignorar. La verdad se le hizo clara de golpe: estaba en un lugar donde Sonic no era solo un héroe; era parte de la vida cotidiana de la gente. La incomodidad se instaló en su pecho, un sentimiento de fracaso que no podía ignorar. ¿Cómo podía haber pensado que podría permanecer oculto, que todo funcionaría como había planeado?

Shadow apretó los dientes y desvió la mirada hacia Sonic, que seguía saludando a todos con su inquebrantable sonrisa. Este lugar está demasiado lleno de su gente, pensó. Nada de esto tiene sentido. Ya no sé qué esperar...

Shadow observaba desde un rincón, sintiendo cómo su malestar aumentaba a medida que Sonic seguía interactuando con la gente con una naturalidad y alegría que parecía inagotable. Sonic sonreía a todos, ofrecía ayuda, conversaba como si cada persona allí fuera una parte importante de su vida. Era evidente que este lugar lo conocía bien y que él conocía a todos con la misma familiaridad. Pero había algo más que comenzó a inquietar.

Al observar detenidamente, se dio cuenta de que esa misma actitud abierta y cálida que Sonic tenía con todos era la misma que mostraba con él. Esa cercanía, esa forma de hacer que todo pareciera sencillo y sin complicaciones... Shadow había empezado a creer, en algún rincón profundo de su mente, que esa faceta de Sonic era algo especial, reservado solo para él. Que había algo único en cómo Sonic lo trataba, algo que lo diferenciaba del resto. Pero ahora, viendo cómo el erizo azul se relacionaba de la misma forma con cualquiera, ese pensamiento se desmoronaba.

La revelación lo golpeó con una intensidad que no esperaba. Era absurdo, lo sabía, pero no podía evitarlo. Sentía una punzada de celos y algo más oscuro: la sensación de ser solo una más de las muchas personas a quienes Sonic abría su mundo sin reservas. Esa chispa de esperanza que había sentido, ese pensar que quizás era diferente para Sonic, se apagaba rápidamente, dejando solo una mezcla amarga de tristeza y enojo.

Sin decir nada, giró sobre sus talones y salió de la tienda, sus pasos rápidos y decididos. Necesitaba espacio, aire, algo que lo ayudara a poner en orden ese torbellino de emociones que lo desestabilizaba. Dejó atrás la calidez del lugar y la risa del erizo azul, que seguía resonando en sus oídos como un eco distante.

Sonic notó de inmediato su repentina partida. Frunciendo el ceño, dejó atrás la conversación y salió tras él, con preocupación reflejada en su rostro.

—¡Shadow!— lo llamó, apresurando el paso hasta alcanzarlo. —¡Espera! ¿Qué pasa— preguntó, su tono cargado de genuina confusión.

Shadow no se detuvo, pero tampoco aceleró. Simplemente seguía adelante, con la mirada fija en el camino, como si quisiera dejar atrás todo lo que acababa de presenciar.

Sonic, sin entender su actitud, se apresuró y se colocó frente a él, obligándolo a detenerse.

—¡Shadow, por favor! ¿Qué ocurre? ¿Por qué te vas así de repente?— le preguntó, mirándolo fijamente, buscando respuestas en sus ojos rojos.

Shadow lo miró con una mezcla de frustración y algo más difícil de identificar. Apretó los puños, tratando de controlar el impulso de soltar todo lo que sentía en ese momento. Pero las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.

—Me voy de regreso al bosque— dijo con frialdad. —Esto fue una mala idea.

Sonic frunció el ceño, desconcertado por la reacción de su amigo.

Sonic frunció el ceño, desconcertado. No entendía qué estaba pasando. Shadow había estado bien hace un momento, incluso había parecido relajado. Pero ahora... ahora quería irse como si algo lo hubiese herido.

—Pero... llegamos hace poco. ¿Por qué quieres irte ahora?— preguntó, su voz reflejando su confusión. Apenas habían pasado un rato en la tienda, y todo parecía ir bien. ¿Qué había cambiado de repente?

Shadow mantuvo la mirada fija en el suelo por un instante, sus puños apretándose con fuerza. Sentía una presión en el pecho, una sensación incómoda que no sabía cómo manejar.

—¿Por qué?— repitió en voz baja, antes de alzar la mirada hacia Sonic, sus ojos rojos brillando con frustración. —Aquí todos te conocen. Dijiste que nadie nos reconocería. Me mentiste.

Sonic parpadeó, sorprendido por la acusación.

—Bueno... perdón— dijo tras un momento, rascándose la nuca con un aire de arrepentimiento. —No pensé que fuera tan importante decirlo.

Shadow entrecerró los ojos.

—¿No pensaste que era importante?— su tono llevaba una mezcla de incredulidad y enojo contenido.

Sonic suspiró, intentando comprender por qué su amigo reaccionaba así.

—No. ¿Por qué te molesta tanto? Nadie te vio, nadie sabe quién eres.

Pero no se trataba de eso.

Las palabras de Sonic solo lograron que algo se tensara aún más dentro de Shadow. No era la idea de ser descubierto lo que lo atormentaba. Era la cruda realización de que Sonic era así con todos. Su cercanía, su calidez, su manera de hacer que cualquiera se sintiera bienvenido... No era algo especial. No era algo que Shadow tenía de manera única.

Y esa idea le dolía más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Por un instante, sintió que había sido ingenuo al pensar que de algún modo él era diferente para Sonic. Que había algo en su relación que lo distinguía de los demás. Pero viendo cómo Sonic trataba a todo el mundo con la misma facilidad con la que lo trataba a él, ese pensamiento se desmoronaba.

Y ese vacío en su pecho se convirtió en enojo.

—Ya no quiero estar aquí. Déjame en paz— murmuró con voz baja, pero cargada de emoción contenida.

Shadow dio un paso para alejarse, su única intención era salir de ahí antes de que Sonic notara lo que realmente pasaba. Pero apenas avanzó, sintió una mano sujetarlo firmemente del brazo.

Sonic no lo dejaba ir.

—No— dijo con firmeza.

Shadow se quedó inmóvil. No esperaba esa respuesta.

—Sonic... suéltame— pidió, su voz sonó tensa, casi como una advertencia.

—No— repitió Sonic, con la misma determinación.

Esa negativa fue la gota que colmó el vaso.

El torbellino de emociones que Shadow había intentado contener explotó en un instante. Sin pensarlo, con un movimiento brusco, empujó a Sonic con más fuerza de la que pretendía.

El erizo azul perdió el equilibrio y cayó de espaldas al suelo, con una expresión de sorpresa. La bolsa con las donas que llevaba en la mano se soltó, el papel se rompió y el contenido rodó por el suelo, dejando un reguero de dulces esparcidos en el polvo.

El sonido de las donas golpeando el suelo resonó en el aire, como un eco que marcaba el abrupto final de la conversación.

Shadow respiraba agitado, con los puños aún apretados. Lo miró por un instante, su pecho subía y bajaba con rapidez, como si su propia reacción lo hubiese sorprendido.

Pero antes de que pudiera hacer algo más, escuchó pasos apresurados.

—¡Sonic!— exclamó una voz preocupada.

El dueño de la panadería, un hombre mayor de sonrisa amable, y la joven que lo había atendido antes, corrieron hacia Sonic con evidente preocupación. La chica se agachó de inmediato, posando una mano en su brazo.

—¡¿Estás bien?!— preguntó, su mirada pasando rápidamente de Sonic a Shadow, con desconfianza y alarma.

El anciano, aunque más sereno, también observó a Shadow con el ceño fruncido antes de extender una mano para ayudar a Sonic a incorporarse.

Shadow se quedó inmóvil.

Sentía cada mirada clavándose en él.

Las voces de la gente que pasaba, los murmullos, el sonido de las calles... todo se volvía un ruido insoportable.

La gente lo miraba. Lo juzgaban.

Podía sentir su desprecio, su confusión, su miedo.

Era lo mismo de siempre.

Su respiración se aceleró. Necesitaba salir de ahí. No quería estar rodeado de personas que lo veían como un extraño, como alguien peligroso.

Estaba a punto de moverse cuando un grito cortó el aire.

—¡Harley!

El tiempo pareció detenerse.

Al otro lado de la acera, una mujer corría desesperada, su rostro pálido de terror.

Una niña, de no más de cuatro años, jugaba con pequeñas pelotas de colores en la banqueta. Una de ellas rodó hasta la calle, y la pequeña, ajena al peligro, corrió tras ella.

Pero venía un auto.

Rápido.

Demasiado rápido.

Los ojos de Shadow se abrieron con alarma.

No lo pensó.

Antes de que cualquiera pudiera reaccionar, su cuerpo se movió por puro instinto.

En un parpadeo, su figura desapareció de donde estaba.

El rugido del motor resonó en el aire.

Un latido.

Dos.

Y entonces, el impacto.

Pero no como todos esperaban.

Cuando la madre gritó de nuevo, no fue por horror, sino por asombro.

Ahí, en medio de la calle, Shadow sostenía a la niña en un brazo, su pequeño cuerpo aferrado a su pecho. Con el otro, había detenido el auto con una sola mano, la carrocería doblándose bajo la presión de su fuerza.

Hubo un silencio sepulcral.

Por un instante, la ciudad pareció contener el aliento.

Las conversaciones se apagaron, los pasos se detuvieron, incluso el viento pareció cesar su curso. Todos los ojos estaban fijos en la escena, procesando lo imposible.

Shadow, aún con el ceño fruncido, bajó la mirada hacia la pequeña en sus brazos. Sus grandes ojos reflejaban asombro y un atisbo de inocente curiosidad. Sus diminutas manos se aferraban con fuerza a su pecho, como si aún no comprendiera del todo lo que había ocurrido.

—¿Estás bien?— preguntó. Su voz salió más suave de lo que esperaba, casi como un murmullo perdido en el aire.

La niña parpadeó, aún aturdida, y asintió lentamente sin apartar la vista de él.

Shadow se aseguró de que la niña se mantuviera firme en el suelo antes de soltarla con cuidado. Sus ojos la recorrieron rápidamente, buscando cualquier señal de herida o malestar, pero la pequeña solo seguía mirándolo con asombro, aún sin soltar el aire que había contenido.

Antes de que pudiera decir algo más, unos pasos apresurados se hicieron presentes.

—¡Harley!— La voz temblorosa de una mujer rompió el silencio.

Shadow apenas tuvo tiempo de apartarse cuando la madre de la niña la tomó en brazos con fuerza, apretándola contra su pecho como si quisiera protegerla de algún mal invisible.

—Aléjate de el...— su voz sonó ahogada por la mezcla de pánico y recelo. —Es peligroso.

La frase golpeó a Shadow con la fuerza de un disparo. En ese momento noto que su capucha ya no estaba en su lugar y los lentes cayeron en algún lugar.

Sus pupilas se contrajeron, y un escalofrío le recorrió la espalda.

Es peligroso...

Su mente no tardó en traerle un eco del pasado.

"Shadow... Tú nunca serás un peligro para nadie, ¿lo sabes, verdad?"

María lo había dicho con tanta seguridad, con tanta calidez, con tanta... fe en él.

Pero ahora, décadas después, la realidad le escupía en la cara una versión distinta.

Los murmullos a su alrededor crecieron. "¿Es él...?", "No puede ser...", "La criatura...", "¡Es el que robó la nave!", "Está vivo...", "Es un peligro que ande suelto."

Las palabras se filtraron en su cabeza como un veneno que ardía en su interior. Shadow sintió su pecho apretarse con fuerza. Su mirada se movió por la multitud, viendo rostros de temor, de duda... de desconfianza.

No entendía. ¿Cómo sabían de él? ¿Cómo era posible que todos supieran de su existencia y, peor aún, que hablaran de él como si fuera... un monstruo?

Sus manos se cerraron en puños. Su respiración se volvió irregular.

Harto de todo, con la rabia creciendo dentro de él, giró bruscamente la cabeza y encontró la mirada de Sonic.

Y en esos ojos azules no encontró sorpresa.

No encontró confusión.

Solo culpa.

Shadow lo entendió en ese instante.

Sonic lo sabía.

Sabía que el mundo estaba al tanto de su existencia.

Sabía que no era un desconocido, que su historia estaba marcada en la memoria de la gente.

Y, aun así, le había mentido. Por segunda vez.

Shadow no aguantó más.

El peso de las miradas, los susurros punzantes, el eco de un pasado que jamás lo dejaba ir... todo se volvió insoportable.

Con un movimiento veloz, su figura se desvaneció en la nada, dejando tras de sí apenas un borrón negro y rojo. Para cuando la multitud parpadeó, él ya no estaba.

Sonic se quedó quieto, sin moverse ni un solo paso para seguirlo.

Sus hombros cayeron levemente, y un suspiro escapó de sus labios. Sabía que debía hacer algo, que debía ir tras él, pero... ¿qué podría decirle ahora?

Lo había arruinado.

No era solo el engaño, no era solo que Shadow se había enterado de la peor manera posible. Era el hecho de que él, Sonic, sabía que esto podría pasar... y aun así, no le había advertido.

El arrepentimiento se instaló en su pecho como una piedra pesada.

No pretendía seguirlo. No ahora.

Tal vez, por primera vez en su vida, no sabía cómo arreglar esto.