CapÃtulo 192
Después de llevarle un café a Soraya, Herminio regresó a su propia habitación de hospital.
Mañana serÃa dado de alta.
Si se quedaba más tiempo, sentÃa que iba a echar raÃces.
Planeaba descansar unos dÃas en casa antes de volver a su unidad.
Después de todo, sus superiores le habÃan dado unos dÃas de permiso. ¿Por qué desperdiciarlos?
Unas horas más tarde.
Cayó la noche.
El tiempo cambió de repente.
A pesar de que el dÃa habÃa sido claro y soleado, pero por la noche llovió torrencialmente.
El trueno rugÃa como un león enfurecido, y el relámpago plateado cortaba el cielo como una estrella fugaz.
Soraya estaba parada junto a la ventana de la habitación, mirando el oscuro cielo nocturno. El sonido constante de la lluvia la hacÃa sentirse inquieta.
Abajo, las ramas de los árboles se balanceaban violentamente con el viento y el agua formaba corrientes en el sueloâ¦
âAmor, ¿tienes calor?â
Cristián, con un libro en la mano, estaba recostado en la cama, completamente absorto en su lectura.
Levantó la vista hacia Soraya. â¿Cómo vas a tener calor si el aire acondicionado está bien encendido?â
El dÃa habÃa sido caluroso, y la noche lluviosa solo aumentaba la sensación de bochorno.
Pero con el aire acondicionado encendido la habitación estaba fresco, por lo que no deberÃa sentirse asÃ.
Soraya se acercó y se sentó al lado de su cama.
Con aburrimiento, apoyó la cabeza en la cama.
âAh, ¡qué aburrimiento!â
Cristián hizo una pausa en su lectura.
âSi estás aburrida, mira televisión.â
âLa televisión no tiene nada bueno.â
[Ver la tele no se compara con mirarte a ti.
Los galanes de las novelas no son nada comparados contigo.
Ay, ese rostro tuyo, si estuvieras en el mundo del espectáculo, serÃas una estrella.
Especialmente esos labios carnosos, parecen hechos a medida para mÃ.
¡Besarlos es dominante y tierno a la vez!
Lo mejor de todo es que sabes besar muy bien.
Ay, eres como un avión de combate entre los hombres.
Si termino esta misión y nos divorciamos, realmente te extrañarÃa.]
Cristián se esforzaba por ocultar una sonrisa ante los elogios, sintiendo cómo burbujas brotaban en su interior y ascendÃan hacia su cabeza,
SentÃa como si algo en él comenzara a brotar,
Los pensamientos de Soraya eran como piedras lanzadas al agua, creando ondas que se extendÃan y calentaban su pecho.
Esa sensación extraña, como una chispa explotando dentro de él, se esparcÃa por todo su cuerpo, haciéndole sentir el aire aún más caliente.
Pero antes de que su corazón pudiera acelerarse, el siguiente pensamiento de Soraya fue como un balde de agua frÃa, enfriando sus extremidades.
[Aunque Cristián sea guapo, ¿qué puedo hacer?
El mundo es tan grande, y quiero explorarlo.
No puedo renunciar a todo un bosque por un árbol.
En la capital no encontrarÃa a otro tan guapo como él.
Pero podré buscar en el extranjero.
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Allá son más liberales, y se puede coquetear sin tener que responsabilizarse.
Ah, he escuchado que los hombres extranjeros son más musculosos.
Dicen que son, ya sabes, más dotados. ¿Será verdad?]
Crack.
De repente, Cristián cerró su libro con fuerza sobre la mesa de noche, sobresaltando a Soraya.
âAmor, ¿qué pasa?â
Cristián la miró frÃamente.
Ve al extranjero en busca de tus galanes.
Ajá, sin responsabilidades.
Y encima, ¡con más âtalentoâ!
Qué mujer tan descarada.
Está muy bien.
No deberÃa haber sido tan amable con ella.
Si no le demuestra amor, ella no podrá completar su misión.
Si no la completa, nunca se irá.
Con una voz ligeramente frÃa, preguntó, â¿Quieres que baje más el aire?â
Soraya negó con la cabeza. âNo, puedo aguantar un poco de calor.
Si lo bajas demasiado, podrÃa resfriarme.
Pero, ¿qué hago si quiero bañarme esta noche?
La auxiliar tuvo un problema en casa y no vendrá a ayudarme esta noche.â
Cristián respiró hondo, sonriendo irónicamente.
â¿Quieres que te ayude?â
Aunque sonreÃa, Soraya sintió que habÃa algo inquietante en su expresión.
Soraya sonrió nerviosamente. âEh, eh, cómo voy a molestarte con eso.
Solo estaba desahogándome.
Ahora tú eres el paciente y necesitas cuidados.
No soy tan ciega.â
[Ay, que mi amor me ayude a bañarme.
Uy, seguro que serÃa emocionante.]
Al escuchar sus palabras engañosas, Cristián tuvo ganas de taparle la boca y el corazón.
¿Será que en su vida pasada le faltaron hombres, y por eso ahora está tan obsesionada con esas cosas?
Cristián se levantó de la cama y se sentó en la silla de ruedas.
Se dirigió hacia el baño.
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âAmor, ¿vas a bañarte?â
âSi, tráeme el pijama.â
Ella siempre habÃa admirado a aquellos con una buena figura y destreza.
Asà que él decidió dejar una marca imborrable en ella, siguiendo precisamente lo que a ella le gustaba.
A ver quién más captaria su atención a partir de ahora.
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