Chapter 17 of 20

Silencio enmascarado

Cuatro versos - ESPAÑOL1,199 words~6 min read

Jorehin

¿Por qué estaba tocando?

Mi. Fa♮. Fa♮. Mi.

Re♮. Mi. Fa♮. Fa♮.

Mi. Re♮. Re♮. Mi.

Jorehin no recordaba en qué momento se había decidido a salir al escenario, pero ahí estaba.

Tras unas palabras que tenía ensayadas de antemano y que no estaba seguro de cómo habían salido de su boca, y en cuanto su trasero se había posado sobre el mullido cojín puesto en la banqueta, que el príncipe se había volcado del todo en la tarea que tenía entre manos.

En las puntas de sus dedos.

Y en sus oídos.

Esos malditos Re y Fa. Sonaban distintos, resonaban distintos. Se tocaban distintos al resto. Incluso el Mi, en cierta medida, le sonaba distinto.

Era como si todo aquel maldito armatoste, sonase en varias escalas diferentes. Y aquello era imposible. Tan solo existía la escala musical de Sens.

¿Cómo podían haberle encasquetado tal mierda? ¿Y con qué se había pinchado en el dorso de la mano?

Jorehin apenas miraba la partitura. Prestaba atención al público.

Nadie parecía haberse percatado de la disonancia que emitían aquellas malditas notas. Madre lloraba, cómo cada año, y padre lo miraba con interés. Seguramente lo miraba mientras contaba mentalmente el dinero que iba a recaudar más tarde, pensaba Saru entre nota y nota, levantando el pie cuando tocaba.

Ese año hasta habían traído al caballero de alguna señora de las afueras, una mujer con la cara tan maquillada y un tocado tan poco usado que destacaba tanto como ese insidioso Re que tan nervioso ponía a Jorehin.

¿Y Guth? Jorehin recordaba haber hablado con él, e incluso aquella sonrisa tan socarrona e impertinente que le había dedicado, pero no recordaba haberse despedido.

Solo recordaba haberse relajado de un momento a otro, dispuesto a realizar su función de cada año y deslumbrarlos. Deslumbrarlos a todos.

Jorehin se preguntó por qué ese caballero lo miraba con aquella mirada tan penetrante, y porque la señora con la máscara de zorro y un bastón a la cintura se levantaba de su asiento y miraba a su alrededor.

Mi. Fa♮. Re♮. Do.

Las figuras que descansaban dentro del piano, tras aquellas dos ventanitas abiertas en la madera, comenzaron a dar vueltas alrededor de las otras, sonriéndose entre sí al tiempo que giraban.

This narrative has been unlawfully taken from Royal Road. If you see it on Amazon, please report it.

Y una gran sombra, como si alguien hubiese puesto una gigantesca mano bajo un sol radiante que no cabía allí dentro, se alzó sobre el escenario.

Sobre Jorehin Den Gar.

Narrador poco entrometido

Zundine fue la primera en sentirlo. Seguida de Gorath.

Un cambio. Un ligero cambio en el resonar del mundo. Una resonancia horrible entre dos escalas diferentes.

Columnas y lámparas se mecieron, así como las tablas de madera que conformaban el suelo del escenario situado ante las filas de asientos.

Y entonces llegó.

El desgarro.

Zundine

Zundine había visto aquello antes, y en ese momento, una vida atrás, su cerebro había realizado la infantil comparación con el modo en que el jugo de un coco fracturado, se vierte por la grieta de dicho coco.

Pero aquello estaba a otro nivel.

Primero fue la oscuridad. Oscura, avariciosa y bélica oscuridad alzándose en el aire, sobre el desconcertado príncipe que había quedado en posición de tocar la siguiente nota.

Mi-iiii…

Y la oscuridad se abrió. Como un coco golpeado con fuerza contra la pared.

Como una boca abierta en un gran coco de piel negra. Una boca hambrienta.

Y apareció Silencio. Con su traje gris oscuro y su camisa blanca, con un bolsillo a cada lado y sendos pañuelos blancos.

Uno de los cuatro que le habían hecho la vida imposible a Zundine, cuando trataba de escapar de M’Un. Uno de aquellos que habían matado a Senha y habían abocado a su hermano a ese estado de existencia a medias.

—Tenías razón, hermana. Ha venido—susurró la lanza desde su funda.

Lo que ese malnacido no sabía, era que ella, Zundine Zun, sabía demasiado.

Y pensaba robarle aquello que quería. Aunque tuviese que matar a alguien inocente para ello, como a ese príncipe al que su propio pueblo acusaba de malcriado.

Sus manos ya estaban manchadas. Por su culpa.

Por culpa de esa figura que se había llevado ambas manos a los bolsillos.

Por culpa de ese malcarado de Silencio.

Firans

Tras un extraño sonido que había vibrado de una manera imposible en sus oídos, puede que incluso en su propia alma, el silencio reinaba impasible en la Sala de Audiencias.

Firans se encontraba con el escudo de Saru delante, rodeada de sillas siendo arrastradas hacia atrás. ¿Cuándo se había levantado Saru? ¿Y desde cuando era tan alto?

Firans, con el corazón acelerado, miraba por la grieta abierta en el lado superior del escudo. Aquella oscuridad ingrávida vibraba en el aire, como la boca de una babosa en un día de lluvia. Algunas veces giraba sobre su eje y Firans podía atisbar algo detrás, aunque no pudo comprender lo que veía.

Una figura masculina había salido de esa cosa. Portaba la máscara de un búho real, pero algo en su porte, en la manera que tenía de mirarlos a todos desde arriba, le hizo saber a Firans que se trataba de un depredador.

Un hombre salió de detrás del escenario y se dirigió hacia el príncipe, quien había quedado congelado en la pose de un ave al alzar el vuelo, con ambas alas extendidas y el pico hacia delante. Firans pudo ver el sello que el hombre menudo llevaba atado a su brazo.

El mismo que ese otro había usado contra ella.

Firans no tenía ni idea de lo que querían esos dos, pero habiendo visto aquel sello, sabía de lo que eran capaces. Y no iba a quedarse quieta.

— Buenas noches, habitantes de esta tierra en desarmonía—ululó el búho, alzando sus brazos al tiempo que se dirigía hacia todo el público— No os alarméis. Tan solo hemos venido a por vuestro querido príncipe.

Los susurros del público habían pasado a preguntas nerviosas.

—Y a por algo muy viejo.

El búho permaneció impasible, mirando hacia el príncipe, como si estuviese calibrando sus aptitudes.

— Esa manera de vestir. Parece importante—le susurró Saru, con el escudo plantado ante ella—. Esto tiene mala pinta. No sé si voy a poder sacarnos de aquí, Firans—Saru nunca la llamaba por su nombre. Definitivamente, aquella misión estaba resultando ser más complicada de lo que parecía—. Siento… algo raro cuando miro a ese tío.

No era el único.

— Saru. Las cloacas que mencionaste antes. ¿El castillo tiene un sistema de agua?

El escudo se estremeció ante Firans, y esta se lo tomó como una afirmación.

Tal y como había sucedido una luna llena atrás, Firans fue una con el agua. En sintonía con el agua.

Con aquella fuerza que había estado a bien poco de terminar con la vida de Karya, la señora que la había cuidado con extremo gusto. Con la vida del señor que los había llevado hasta allí. Con la vida de todas las personas que allí se encontraban.

— Por las encumbrad…—la voz de Saru desapareció bajo el fragor del agua resquebrajando el suelo cercano al escenario.

Contents
Contents

Comments(0)

Join the discussion — sign in to leave a comment

Sign In to Comment

No comments yet. Be the first to share your thoughts!