CapÃtulo 108
Nerea no sabÃa cómo habÃa terminado junto a la mesa del comedor, ni cómo habÃa empezado a usar los cubiertos. Solo sabÃa que las costillas agridulces estaban tan suaves y jugosas, el plato de ostras tant
fresco y cremoso, y la ensalada de piña tan refrescantemente ácidogosas, el plato de ostras tan
Cada bocado era un deleite, y después de un dÃa agitado y con el estómago rugiendo, casi se le escapaban lágrimas de emoción.
Finalmente entendió un comentario del internet: nunca te venderé, a menos que me asegures comida y techo.
Mientras la joven comÃa, sus bonitos ojos se llenaban de satisfacción, sus mejillas se redondeaban con cada bocado, y las dos orejitas de peluche en su cabeza se movian tiernamente, como un conejito abrazando una zanahoria caliente. Era tan adorable que daban ganas de tocarla y acariciarla.
Roman, sosteniendo los cubiertos, apretó ligeramente la palma de su mano para contener el impulso de acariciarla, y empezó a pasarle más carne a su plato.
Nerea, viendo cómo su plato se llenaba hasta formar una pequeña montaña, hizo un gesto para que se detuviera, -Ya, ya, suficiente, no quiero más pescado, que me puedo atorar otra vez.
-Es lubina, no tiene espinas.
¿En serio?
¿Ni siquiera una pequeña espina? La última vez habÃa sido una pesadilla por eso.
Medio incrédula, Nerea mordió un trozo, saboteándola cuidadosamente. Efectivamente, no habÃa ni una sola espina, solo una perfecta mezcla de suavidad y crujiente.
-Mmm⦠Es la primera vez que pruebo una lubina tan crujiente y deliciosa, ¿cómo lo hiciste?
-¿Quieres aprender?
-¡SÃ, sÃ, si!
Nerea asintió frenéticamente.
-No necesitas aprender.
Nerea:â¦tienes razón.
Desde pequeña, nunca tuvo talento para la cocina. Después de inscribirse en una y otra clase sin éxito, incluso un chef con estrellas Michelin le sugirió que se rindiera y dejara de malgastar ingredientes.
Roman, viendo cómo su cara se desplomaba en desánimo, tragó las palabras que ya tenÃa en la puntal de la lengua.
Me gustarÃa, podrÃa cocinar para ti siempre, sin importar cuándo, bajo cualquier⦠circunstancia.
Al segundo siguiente, ella se recuperó, sonriéndole radiante, -De todas formas, tu habilidad culinaria es impresionante. Si no fueras un empresario, podrÃas ser un gran chef, ¡de esos que son famosos en todo. el mundo!
-No necesito ser famoso en todo el mundo, con satisfacer a una persona es suficiente.
Sin querer, dejó escapar lo que pensaba en voz alta.
-¿Una persona?- Nerea preguntó curiosa, -¿Quién es, para ser tan afortunada?
Capitulo 108
Roman la miró fijamente, con un calor en sus ojos profundos que ella no pudo descifrar, -Mi futura
novia.
¿Novia?
No esperaba que fuera tan romántico que⦠¿Amapola?
Si se basaba en su vida anterior, su futura novia no serÃa otra
Al pensar en Amapola, Nerea se dio cuenta de algo, deteniendo de golpe su masticación y su sonrisa.
¿Qué estaba haciendo?
¿Acaso estaba charlando y riendo con Roman, esa persona despreciable? ¿HabÃa olvidado que ya lo habia incluido en su lista negra?
La comida habÃa sido una distracción demasiado grande. No, esta vez tenÃa que estar más alerta, no podÃa dejarse engañar por su apariencia bondadosa otra vez.
Con ese pensamiento, dejó los cubiertos y se puso seria, -Sr. Roman, ya hemos cenado juntos, ¿puedes decirme ahora por qué vendiste los derechos de âLlega La Reinaâ a mi tio?
Roman observó a la pequeña conejita que, después de saciarse, cambiaba de actitud. Una sonrisa se asomó en sus labios al ver cómo miraba con culpa los restos de comida, aunque pareciera más bien un festin unilateral. Pero, ¿qué más daba si él habÃa sido el anfitrión?