Pensé que no volverÃa a recaer en mi altisonante tristeza. Pero no fue lo único en lo que caà de nuevo.
« El plomo del humo me es relajante, sale de mis labios y como no hay cariño de su parte, dice adiós y jamás vuelve a regresar. Se marcha agresivo, petulante. Me rechaza y me ayuda, dentro de su efÃmera vitalidad, cuando me siento estúpidamente solo y tan sólo quiero perder mi dignidad »
« Tal vez si me hubiese acostumbrado a lo mismo de siempre, una herida en la misma herida, no serÃa dolorosa »