Chapter 18: XVIII. Debemos irnos

Mi alfa es un lobo [Katsudeku] [Omegaverse]Words: 9913

El sol se asomaba con lentitud dejando que amanezca en la gran ciudad de Viena, sus párpados cansados eran alumbrados  por los rayos que atravesaban la cortina, el insomnio causaba en el pequeño de ojos esmeraldas una debilidad notable, antes que sonara su alarma el de cabellos verdes había despertado, encontrando su habitación alumbrada por la luz que traspasaba, hoy sería la ceremonia de bienvenida, debería estar feliz por ello pero el vacío en su pecho se sentía cada vez más profundo.

Pasando desapercibido pasó a bañarse pasando su suave esponja por sus brazos, era inevitable que a su mente llegaran fragmentos de aquellas manos que traspasaron su piel; una completa mentira, unas lágrimas cayeron confundiéndose con el agua que caía, aguantó la respiración tratando de recomponerse, debía aparentar estar bien cuando en realidad se rompía por dentro.

—Por favor... basta— susurró para su mente que lo torturaba una vez más, como lo hacía en las noches o como lo hacía cada minuto en que su pensamiento se desocupara.

Secó su cuerpo con toallas para comenzar a alistarse intentando reprimir cualquier tipo de pensamiento, empezó a colocarse  el uniforme con el que asistiría, al mirarse al espejo un suspiro con una pequeña sonrisa llena de tristeza, arregló su cabello con un cepillo pero al notar que su marca resaltaba en su piel trato de no mirarla más para luego cubrirse con una bufanda, no quería que nadie la viera, en un intento de evitar cualquier tipo de pregunta.

Al revisar su teléfono leyó los mensajes de Uraraka mandando fotos con Iida que también comenzarían la Universidad juntos, deseándole un gran comienzo en el conservatorio de Viena, y un audio de la castaña fue el final "Sé muy feliz Izuku, te extrañamos demasiado" aquello logró sacar una sonrisa en el pequeño que se alarmó cuando escuchó la puerta tocar.

—Izuku, soy Mina ¿Ya estás listo para nuestro gran día?— lo dijo cantando mientras esperaba emocionada, la puerta se abrió mostrando al pequeño listo.

—Sí— respondió con una hermosa sonrisa saliendo de su habitación; como muchos de los estudiantes lo hacían en su momento, estudiantes de primer año.

Caminaron hasta el gran teatro central donde sería la gran ceremonia de bienvenida, Mina no dejaba de hablar sobre lo genial que sería este comienzo, el de los ojos jade sólo respondía con una sonrisa y movimientos de afirmación.

En la entrada esperaban con bonitas insignias a los estudiantes como regalo de bienvenida, y un folleto del programa, ambos estudiantes se encontraban maravillados de la estructura del gran teatro, Izuku se mostraba encantado con todo queriendo explorar siendo la necesidad de hacerlo cuando comenzó un fuerte dolor de cabeza repentino.

—¿Te encuentras bien?— cuestionó al pequeño que empezó a tambalearse, en la entrada, trató de recomponerse para que su nueva amiga no lo notara, una sonrisa sutil y un movimiento de cabeza afirmando que podía seguir pero cayó al suelo oyendo los gritos de su amiga preocupada pidiendo ayuda mientras se apagaba su vista.

6 de febrero de 1879

Las pisadas desesperadas por las escaleras se oyeron desde temprano en la mansión, las sirvientas se movían rápido por todas partes mientras la señora Midoriya subía las escaleras esquivando a los demás dirigiéndose a la habitación de su pequeño.

Abrió la puerta sin tocar, y se inmediato se acercó a la ventana para abrir las cortinas dejando entrar la luz de un cielo nublado , el niño trató de cubrirse con sus sábanas para evitar despertar, pero su madre inmediatamente se las quitó.

—¡Izuku! ¡Izuku! ¡Despierta! — reclamaba la madre mientras el pequeño somnoliento que apenas abrió los ojos observando a su madre desesperada.

— ¿Mamá? — preguntó viendo el mirar de preocupación de su madre que dejaba notar un miedo, miró a su hijo pensando en darle alguna explicación sobre lo que estaba pasando pero no tuvo palabras

— Tenemos que irnos.— dice tajantemente la mujer de cabellos verdes, mirando directamente a los ojos del niño desorientado.

— Per... — confundido el niño de mejillas poco sonrojadas por el sueño trató de formular alguna pregunta pero fue interrumpido.

— Ahora. — remarcó para proceder a irse de la habitación sin nada más que decir, dejando a su hijo mirando la puerta con las palabras en la boca.

Las sirvientas entraron a su habitación, una abrió el armario y empezó a sacar todos los atuendos del pequeño introduciéndolos en la maleta, la otra colocaba los libros del pequeño en un baúl.

— ¿Qué es lo que sucede? — pregunta el pequeño pero no recibe ninguna respuesta y parece ser ignorado.

— Joven Midoriya, cámbiese inmediatamente — dijo la ama de llaves que entregaba ropa nueva, junto con zapatos y un abrigo azul marino.

— No entiendo nada, por favor, Nana dime, ¿Qué pasa? ¿Por que todos están tan asustados? ¿A dónde nos iremos? — reclamaba una respuesta pero la anciana quedó en silencio para luego abrazarlo y darle un beso entre sus cabellos verdes.

— Deben irse mi pequeño, es lo único que puedo decirte — el corazón de la anciana se destrozaba pues probablemente no volvería a ver a su amo nunca más.

—Nana... tú vendrás ¿Verdad? — el silencio hacía comprender que Nana no iría con él, y que estaba pasando algo realmente grave para que todos actuaran de esa manera, no quería separarse de Nana, unas lágrimas cayeron de las mejillas del pequeño.

El niño de cabellos cenizos entraba por la entrada posterior, lo que estaba pasando no podía ser cierto, lo que había escuchado esa mañana debía ser mentira; corría doblando por el pasillo que dejaba a la sala principal donde estaba la gran y elegante escalera central, yendo en busca del pequeño peliverde que estaba a punto de bajar desde lo alto.

El ojiesmeralda logró encontrar con la mirada al cenizo, de sus ojos humedecidos brotaron lágrimas, camino lentamente bajando la escalera para luego correr y lanzarse a los brazos del niño mayor que se quedó en silencio, no se necesitaban palabras, el llanto del pequeño le rompía el corazón.

— No... quiero... Kacchan... no quiero... — sus palabras destrozadas y ahogadas en llanto eran confusas, ninguno de los dos comprendía porque debía pasar esto.

— Izuku... — cayó en susurro mientras apretaba sus dientes y sus lágrimas se contenían con resistencia, pero no podía ocultar lo que realmente sentía, lo abrazó fuertemente, no querían separarse, el peliverde se sumergía en el aroma de su amigo que desde sus ojos comenzaban a caer lágrimas.

Bakugo podía sentir como el más pequeño se aferraba sentir sus manos apretando su chaqueta, mientras temblaba, y si tenía miedo, todos lo sentían, todo estaba disperso. La señora Midoriya encontró a los niños e inmediatamente sintió culpabilidad por la separación que haría entre ambos, el cenizo al darse cuenta de la presencia de la madre de Izuku soltó al pecoso, limpiándose las lágrimas bruscamente, pero con su pecho húmedo por las lágrimas del menor.

— Lo siento... aquí corremos grave peligro... — la madre sabía que sus palabras dolían para ambos niños y sus lágrimas también caían, estaba aterrada; las manos del niño mayor se acercaron a las húmedas mejillas de peliverde secando suavemente las lágrimas del pequeño que tenía los ojos completamente rojos por tanto llorar, pero inmediatamente el niño volvió a hundirse en su pecho.

Cuando el cielo se nubló por completo oscureciendo la luz que llegaba desde las ventanas, un aire frío entraba desde las rendijas, cuando de repente todos guardaron silencio alertados de un peligro que nadie lograba comprender.

Las puertas se abrieron con la fuerza del viento de par en par violentamente, dejando ver al jardín con la hierba en movimientos agitados, la madre de Izuku se puso frente a los pequeños en forma de protección de lo pudiera pasar.

— Izuku, vayan al estudio de tu padre ahora mismo — la seriedad en su voz denotaba la seriedad del asunto, el pequeño peliverde no quería dejar a su madre sola pero el cenizo lo tomo con demasiada fuerza para que se marcharan de allí, cuando vio a su padre desde la ventana frente a alguien vestido con un saco oscuro completamente cubierto que levantaba su brazo a su padre; inmediatamente se aseguro que no sean vistos pasando con rapidez.

Sus pasos se detuvieron por una milésima de segundo, interrumpió cualquier impulso de saber lo que en realidad estaba pasando debía poner a Izuku a salvo, sabía que no era lo suficientemente fuerte y que lo único que quedaba era huir, llegaron al estudio tratando de esconderse, cerró con seguro.

El pequeño de cabellos verdes forcejeaba con el de cabellos rubios para que lo dejara hablar, quería entender lo que pasaba pero sintió como si unas garras clavarse en su garganta cuando escuchó un disparo junto a las primeras gotas de lluvia que comenzaban a caer.

Un grito desgarrador retumbaba desde fuera haciendo que se estremecieran y dejara un silencio sordo, para luego ser seguido de más disparos, continuos, crueles, sangrientos.

Todo se envolvió en gritos y ambos quedaron inmóviles hasta que el cenizo temblando abrazó al pequeño que no dejaba de temblar, el terror los envolvía y el aire comenzaba inundarse de sangre.

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Hola a todxs espero que se encuentren muy bien, aquí no se qué me pasó, sé que me perdí pero volveré más seguido, estoy cuestionandome mucho pero se que se podrá hacer aún más emocionante, me gustaría siempre poder escribir pero la vida me está matando xd

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