La madre del clan Garou entró a la habitación de su hijo donde su hijo se alistaba para salir al mundo exterior a buscar a su omega, no sabrÃa por dónde comenzar pero lo harÃa, lo encontrarÃa, volverÃa a entrelazar sus manos con las suyas, como en aquel sueño melancólico.
-- Hijo... no deberÃas ir, por favor... -- la voz de la Mitsuki se quebró entre lágrimas, el sentimiento de desesperación al ver que su hijo no cambiarÃa de opinión ni con todo lo que dijera.
-- Madre, cuÃdate mucho y recupérate pronto -- sujeta su maleta, no volverÃa, no hasta encontrarlo otra vez, dio un beso en la frente de su madre y sonrió tratando de lucir tranquilo, queriendo que su madre no viera como todo se quemaba dentro de él y que serÃa capaz de hacer cualquier cosa incluso su propia vida para que su destinado estuviera a salvo.
Las pupilas de la madre se dilataron de manera sorpresiva ante el gesto de su hijo, es allà cuando supo que no podrÃa hacer nada más y que debÃa dejar a su hijo partir, aunque eso significara su inminente peligro.
El joven salió de su casa con pasos firmes, en frente de la fachada de su casa se encontraban los mayores de la aldea que esperaban una respuesta del nuevo lÃder de sangre pura, Bakugo frunció el ceño con seriedad, sabÃa de sus responsabilidades, él era el descendiente y debÃa dirigir y cuidar a todo su pueblo, como todas las generaciones de su familia lo habÃan hecho.
-- Bakugo, escúchame bien, de esta forma renunciarÃas a lo más sagrado de un lobo... ¡Estás renunciando a tu propia manada! -- dijo con seriedad uno de los grandes jefes de la aldea, aún dolÃa la muerte del padre supremo para que ahora el propio hijo abandonara al pueblo que habÃan prometido proteger con su propia vida.
-- Mi destinado está en peligro, no me detendré -- la firmeza de esas palabras fueron comprendidas como una absoluta renuncia a todo, su corazón no dudo en dejar su clan, su vida entera, nada valdrÃa si no vuelve a ver a aquellos ojos jade de brillo esencial para su propia existencia.
El joven de cabellos claros suspiró con exasperación caminando e ignorando a los reclamos de todos; hasta que entre los mayores pasó adelante Taishiro con una vista fija hacia al frente, para esto la madre habÃa llegado a la entrada y sintió como su corazón se estrujara, iban a desterrar a su propio hijo.
-- Ãl volverá -- comento el mayor rubio con absoluta convicción -- Asà que nosotros cuidaremos nuestra aldea hasta que él vuelva -- dando la vuelta para mirar a todos los mayores dejando que sus feromonas llegaran a someterlos teniendo este enfrentamiento demasiado fuerte con los mayores que buscaban algún tipo de rebelión.
-- Ãl debe salvar a uno de los nuestros -- dijo acercándose su mejor amigo, haciendo recordar a todos la mayor ley entre los licántropos, callando por completo a los mayores que querÃan desterrar al nuevo gran alfa.
Bakugo volvió a mirar al pelirrojo mientras este lo miró con una sonrisa, mostrando su maleta recién hecha, haciendo que este se sorprendiera; irÃan con él, al fin y al cabo debÃan salvarlo de sus impulsos, Sero y Jiro aparecieron atrás junto a su mejor amigo, listos para marcharse con él.
Su madre sonrió de manera cálida ante la despedida y en su último abrazo susurró:
"Vuelve pronto"
Su primera clase empezarÃa pronto, se alistó con rapidez, cuando salÃa se vio al espejo tapando con gasas su marca que ya terminaba de cicatrizar, un suspiro y sus ojos cansados siguieron hacia la puerta para luego pasar por los pasillos con su estuche y su mochila roja, cuando iba por los salones logró ver a una joven pelinegra que iba leyendo partituras como si su vida dependiera de eso, para luego ingresar a un salón de ensayo.
Al pasar por ese pasillo logró oÃr una melodÃa muy familiar, en donde el sol le costaba entrar debido a las nubes que hacÃan que no parara de nevar, se oÃa dulce y nostálgica, no lograba reconocer de que compositor, ¿época clásica? ¿época barroca? ¿época renacentista?.
-- Dios mÃo, sà que eres un genio, fue tan sublime, ¿La compusiste tú, verdad? -- la emoción en cada palabra denotaba una total admiración al pianista que se levantaba de la banqueta sin dirigirle la palabra se retiraba del salón.
Izuku se puso nervioso por estar espiando y oÃr los pasos cerca, y se alejó lo más rápido y cautelosamente posible, cuando su teléfono comenzó a vibrar, su clase empezarÃa en 5 minutos pero no lograba encontrar el salón de ensayo hasta que divisó a estudiantes con estuches de violÃn ingresar, corriendo hacia allá.
16 de abril de 1881
Un hombre de traje alto y de cabello blanco entró al orfanato, cuando vio por las ventanas a un niño que llamó su completa atención, una sonrisa oscura se formó en su rostro, lo habÃa encontrado.
-- Vengo a adoptar a un niño, de cabellera verde y piel pálida... un omega -- directo sin titubear mientras mostraba un maletÃn lleno de dinero; los ojos de la señora de la recepción se quedó sin palabras al ver tal cantidad de dinero, no podÃa creerlo.
En ese momento Izuku llevaba comida hacia el salón de castigo donde se hallaba el niño ojirubà luego de golpear a unos mocosos por haber robado ración de comida del pequeño, cuando escuchó que la monja mayor lo estaba buscando, corrió hacia donde ella para no tener problemas.
-- Izuku, ven aquà ahora mismo -- llamó con dureza mientras sonreÃa a las personas que se encontraban dentro, era momento de firmar los papeles.
Los ojos esmeraldas se asomaron por el marco de la puerta, sintió miedo, no comprendÃa aún por que lo estaban llamando, sus pies entraron a petición de la monja que esperaba contenta presentar al lindo niño.
-- Aquà está el niño, pronto cumplirá 12 años pero aún es muy pequeño para su edad -- trata de hacer una broma frente al señor elegante que no se inmutó por aquello.
El pequeño sólo bajaba la cabeza para no cruzar mirada con el mayor, cuando pudo ver en el escritorio papeles de adopción, cuando sus oÃdos comenzaron a distorsionar las palabras y un pitido acompañaba el ambiente, aturdido dio pasos atrás hasta colisionar suavemente en las piernas de la otra monja que lo sostuvo por los hombros.
-- Estaremos gustosos que cuide a uno de nuestros niños, sé que no es trabajo fácil ser padre adoptivo, pero admiramos su decisión -- sonrÃe mientras aprieta el agarre de los hombros al pequeño que empezaba a hiperventilar.
"Nos llevaremos muy bien pequeño Izuku"
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Hola a todos xd tarde pero llegué, lo que importa es volver xdxdxd aquà un nuevo capÃtulo aclarando aún siguen enigmas pero debo resolverlos en el próximo capÃtulo, por favor no se olviden de votar y hacer famosa la historia para que más personas puedan leerla, los quiero muchÃsimo <3
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