18 de mayo de 1880
El verano de 1879 sin duda fue uno de los crÃmenes más sangrientos en la ciudad de Bruselas, no hubo ningún sobreviviente registrado, la mansión quedó en completo abandono, al ser encontrada con sangre y órganos humanos por el piso junto a cuerpos despedazados brutalmente de forma sádica, lo que hubiera pasado no era algo que nunca un ser humano podrÃa haber realizado.
Nadie quiso volver a acercarse a aquella enorme y lujosa mansión, lo que sucedió aquel dÃa se mantiene en misterio y aún sigue siendo investigado, la desaparición del heredero de la familia dejó al desamparo la ostentosa fortuna de una familia de condeses más importantes e influyentes de la nación.
En una cama incómoda dormÃa un hermoso niño de cabellos verdes que comenzaba a traspirar y a moverse de un lado a otro, sus pesadillas eran recurrentes; el soñar con su antigua casa y la sangre por todas partes como si fueran goteras que cada vez eran más abundantes desde el techo y cómo todo se inundaba de ella, escuchando el llanto de Katsuki a lo lejos mientras abrazaba a su padre que se encontraba en un charco de sangre fuera de su casa, y el pequeño peliverde en un estado de shock viendo sus manos manchadas de sangre entrando en un estado de pánico al no poder reconocer ningún cuerpo que habÃa sido despedazado, desde la puerta de la mansión observaba como lluvia de sangre comenzaba tratando de gritar pero no podÃa emitir ningún sonido de sus cuerdas vocales más que sólo sentir como sus lágrimas caÃan de sus mejillas y el ahogo de su garganta.
- ¡¡Izuku!! ¡¡Despierta!! ¡¡Izuku!! - trataba de levantarlo el niño de la cama de al lado, con suma preocupación, sabia que esto podrÃa molestar a sus demás compañeros como todas las noches, las muecas de terror del pequeño pecoso eran muy notables mientras gemÃa llegando a llorar.
El pequeño ojiesmeralda abrió sus ojos en desesperación mirando a todos lados tratando de poder sentarse en su cama hiperventilando, el niño cenizo se sentó al lado para tomar una toalla y poder secar el sudor que desprendÃa.
Izuku se quedó en silencio mientras sentÃa como el otro secaba su sudor con delicadeza para luego abrazarlo sin producir ningún sonido, pronto sus lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, acurrucándose a su pequeño amigo.
- Yo siempre estaré a tu lado... - susurro el niño que acariciaba el cabello verdoso, suave y desordenado - Asà que vuelve a dormir - pidió el mayor para luego notar que se secaba las lágrimas para luego asentir, para luego recostarse acomodando su almohada mientras suspiraba.
Desde aquel dÃa Izuku no lograba emitir ninguna palabra, y sufrÃa de pesadillas constantes, que hacÃan de su insomnio muy severo, provocando se cayera de sueño en el dÃa; sin embargo, Katsuki cuidaba de él en todo momento, desde el dÃa y en cada noche, ahora sólo quedaban ellos dos contra absolutamente todo.
HabÃan llegado al orfanato de Praga tomando los boletos de la condesa completamente ensangrentados, y pretendieron huir lo más lejos posible, lo que tuvieron que pasar solos fue demasiado trágico, en una ciudad completamente desconocida, lo más inteligente según los dos fue ir a una iglesia donde pudieran pasar la noche, pero fueron encontrados y llevado a su actual hogar, un orfanato.
El dÃa comenzada a las siete de la mañana con el gran desayuno que impartÃan las monjas en las mesas de madera, sus pasos algo torpes en medio de niños corriendo para ocupar un buen lugar para recibir porción de pan.
- Apártate tonto - empujaron al peliverde hasta hacerlo caer al suelo, alejándose corriendo junto con el sonido de la campana, al notar esto el cenizo ayudó al pequeño de aspecto pálido y cansado para no dar ninguna expresión.
Katsuki logró conseguir las porciones de pan para él e Izuku y se sentó a su lado esperando tranquilamente que terminara toda la comida, ya que en los últimos dÃas el niño de pecas solÃa negarse a comer ya que producÃa vomito cada vez que los recuerdos llegaran a su mente, la carne no podÃa verla ni olerla pues las náuseas volvÃan de forma recurrente.
Una vez terminada la avena y el pan, el niño cenizo sonrió para luego acariciar el cabello del menor que tenÃa la mirada baja y triste, cuando su vista se dirigió a los niños que molestaron a su amigo iban hacia los lavados en la parte de atrás; una sonrisa tranquila hacia Deku dando a entender que todo estaba bien para luego ir tras ellos.
Los pasos fueron de lentos a rápidos y cada vez más pesados, estaba furioso demasiado para ser exactos, querÃa estampar su puño en aquellos idiotas que se atrevÃan a molestar a Izuku, resoplaba para luego tomar aire y vigilar que nadie lo viera, ya que no querÃa pasar su dÃa en el cuarto de castigo, y a pesar que no importara no querÃa que Deku se sintiera culpable por sus castigos y se quedara solo durante un dÃa entero.
- Oigan idiotas. - detuvo el paso en seco, levantando su cabeza para mirarlos por lo bajo.
- Ba... Bakugo... - titubearon al ver como el cenizo golpeaba su puño contra su palma algo impaciente para comenzar una golpiza.
La enfermerÃa del lugar era poco concurrida el dÃa de inauguración del año académico, en una camilla el pequeño de cabellos verdes comenzaba a recuperar la consciencia de a pocos.
- ¡Izuku! - Resonó en el silencio, la joven estaba al borde de lágrimas de la emoción, su amigo habÃa despertado luego de una hora.
- ¿Dón... de estamos? - Su voz ronca mientras trataba de sentarse en la camilla, refregándose los ojos para ver mejor luego de despertar.
- En la enfermarÃa, te desmayaste... en verdad que nos asustaste a todos - Sus ojos estaban fijos a cualquier reacción, pues aún seguÃa preocupada, era probable que el pequeño este sufriendo de anemia, era notable que se estaba descuidando en su salud.
El pequeño abrió sus ojitos grandes al ver la reacción de su amiga, en aquello entraba la enfermera que hizo un leve saludo a ambos.
- Debo informar que fue una descompensación, debes alimentarte bien jovencito - dijo la enfermera para luego retirar el suero del brazo del pequeño que fue mandado a descansar, acompañado de su amiga.
- Tendremos que ir mañana mismo al hospital - lo dijo con una voz de convicción, mientras caminaban de regreso a su habitación para que pueda descansar.
- Yo me siento bien, no te preocupes... no es necesario... - en volumen bajo a las palabras que no convencieron a chica de cabellos rosados, Izuku sonrió nerviosamente tratando de lucir bien, entro en su habitación despidiéndose de la joven con la palma levantada.
Inmediatamente cerró la puerta y fue al baño para tomar su medicación, desde que ingreso a aquel teatro sintió demasiados mareos y pareciera que su cabeza explotarÃa en cualquier momento, lágrimas cayeron de sus ojos al sentir dolor intensificarse, cuando un pensamiento llegó a su mente de imprevisto la imagen del mismo teatro pero...
yo... nunca estuve aquÃ...
ðððððððððððððð
¡Hola a todxs! aquà por fin un nuevo capÃtulo, espero les guste mucho.
No se olviden de votar y cometar
Amé volver a escribir jaja aunque estuviera en plena clase jaja.
ðððððððððððð