"Siento que me pierdo, lo que antes me hacÃa feliz ahora lo detesto. Puede que eso tenga un poco que ver con lo que siento, tan doloroso que me quema por dentro"
â ella
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Nueva York.
Cord Villyn, actualmente en quiebra.
Las seis de la mañana para nadie era una hora de felicidad, mucho menos para aquellas personas que tenÃan que cumplir una obligación. Sea cual sea, era realmente agotador, si todas las personas amaran su trabajo dejarÃa de ser este llamado trabajo a algo menos formal, todo aquello que te ata a algo es agotador, Juliana amaba lo agotador.
â...por qué te vas tan temprano cielo?âpreguntó una recién levantada Valentina que veÃa como Juliana arreglaba su peloâVen, un ratito más...sÃ?
La morena la miró a los hermosos y profundos ojos azules que la volvÃan loca y sonrió un poco.
âTengo una reunión, lo sientoâse acercó a Valentina que esperaba un tierno beso en los labios como despedida, pero, solo recibió un beso en la mejillaâVendré en la noche, no podremos almorzar juntas Val, lo sientoâLa ojiazul sonrió y le lanzó un beso mientras iba saliendo de la habitación.
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Juliana Villyn era un mujer de palabra y si decÃa llegar temprano siempre lo harÃa, sin importar qué, justo en ese momento se encontraba caminando por los pasillos de su grande compañÃa, decir que se sentÃa bien era ser un completo mentiroso, porque no, no era asÃ. Las presiones en su pecho se hacÃan más difÃciles de aguantar y el nudo en su garganta no habÃa parado, estaba descuidando su salud mental y la de su ahora familia, Valentina y el bebé que tendrÃan.
âPensé que habÃa sido muy clara Lanwerâdijo con desprecio al ver como su co-presidenta la esperaba en su oficina, su aspecto era incluso peor que el de Juliana, eran dos mujeres con problemas tan grandes.
âNo empieces por favor Juliana, vine porque Cord Villyn debe empezar de nuevo, si una vez caemos la segunda nos levantamos y esta vez será igual solo que ahora solo seremos tu y yoâJuliana la miró sin ninguna expresión para luego fijar la vista en su reloj, en una hora el jefe de Eric Lonson estarÃa acá.
âLauren, crees que tu y yo podremos con toda una empresa? Fue tu culpa y lo sabesâestaba enfocando toda su ira en la ojiverde que no se quedarÃa atrásâ¿Empezar desde cero? Tengo tantas cuentas e inversionistas que pagar y crees que todo eso puede esperar?âLauren iba a hablar pero al ver como los ojos café de la morena se volvÃan totalmente oscuro decidió dejarla hablarâDeseo con tantas ganas despedirte, pero eres la única responsable de esto y hacer eso serÃa darte la puerta abierta para irse como si nada, quiero que salgas de mi maldita oficina y empieces a hacer tu trabajo como se debeâescupió todas esas palabras con frialdad y crueldad.
â¿Ahora sacas las garras de gatita que tienes?âJuliana apretó la madera de su escritorioâNo seas cÃnica, tu no eres nada a comparacion de mi, eres una veinteañera que solo tiene en mente cosas estúpidas, crees que me da miedo tu frialdad?âla morena se quedó casi sin palabrasâIntentas darme órdenes para que tu ira calme, te das cuenta de lo tonta que te comportas? Me doy cuenta de tu armadura de frialdad para que nadie sepa lo que realmente sientes, deberÃas hablar con alguien sobre esto. Tu mente se está ahogando en tu cuerpo y haces que todos se alejen de ti por tu inmadurezâdicho esto dejó el documento que tenÃa en sus manos en el escritorio de la morena para después abrir la puerta e irse.
La voz de un hombre la tomó por sorpresa, habÃa entrado al mismo tiempo que Lauren se habÃa ido.
âBuenos dÃas Srta. Villynâse sentó en una de las sillas y recargó sus manos en el escritorio de la morena que lo veÃa inquietantementeâOh...lo lamento, no me presenté correctamente, mi nombre es Jacob Mullter y soy quien comprará Cord Villynâestiró su mano para que la morena la tomara, cosa que hizo de inmediato.
âSeñor Mullter, un gusto tenerlo acáâel hombre sonrió de lado a ladoâ¿Es usted el superior de Eric Lonson?âJacob asintió.
âEse soy yo, lamento si Eric no le dijo desde un principio. ¿Por qué quiere vender su empresa?âpreguntó sabiendo que ya tenÃa la respuesta.
âLos negocios no han ido bien. Es solo eso, además no me siento capacitada para mantener todo estoâJacob la miró notando la mentira, agarró su maletÃn negro y sacó unos documentos que pedÃan algunas firmas y se lo entregóâ¿Qué es esto?
âQuiero hacer esto rápido, compraré Cord Villyn por cinco mil millones, un precio muy estable para mantener su familia por dos generaciones completasâJuliana lo miró y luego rió, leyó el documento un poco y luego cogió su bolÃgrafo dorado.
Su familia, cómo un hombre que acababa de conocer podrÃa saber que tenÃa una familia, cuando justo su abuelo habÃa muerto? Esa fue la pieza que armó el rompecabezas que tenÃa la morena en su mente, habÃa sido estafada por segunda vez y ahora era mucho peor que la primera, esta vez no tenÃa el control, no lo habÃa esperado y mucho menos sabÃa como reaccionar, sintió ganas de reÃr, cosa que aguantó.
La sonrisa de Jacob era tal que la morena le dió mucha más risa, que por educación reprimió.
âJacob, tienes hijos?âle preguntó de repente Juliana con el bolÃgrafo en la mano.
âNo, no tengo y tampoco hay planes de unoârespondió mirándola fijamente a los ojos.
â¿Entonces hay alguna mujer en tu vida?âle volvió a preguntar de la misma manera, solo que esta vez el bolÃgrafo habÃa caÃdo de sus manos.
â¿A qué quiere llegar Srta. Villyn?âJuliana se encogió de hombros y exclamó.
âQuisiera saber un poco más del hombre que se hará cargo de el negocioâJacob suspiró un poco irritado.
âNo hay ninguna mujer, solo soy yo y los negociosâle dijo cruzándose de brazos y volver a agarrar el bolÃgrafo para dárselo a la morena.
â¿Cómo conoció a Eric Lonson?âesa fue la pregunta que hizo que Jacob sospechara, justo lo que no tenÃa que pasar, algo estaba fallando.
âÃl se fue del paÃs hace mucho, cuando volvió yo acababa de contratar a su ahora socio en Vans Company, vi su potencial, nos hicimos buenos amigos, me contó su pasado y desde ese momento supe que tenÃamos mucho en comúnâhabÃa un poco de verdad en su mentira cosa que Juliana notó.
Su mente estaba atando cabos para acabar en solo uno...
â¿Cómo es que sabes que tengo una familia?âel rostro de Jacob se volvió pálido y sintió lo que hace mucho no sentÃa, miedoâ¿Quién eres realmente?âle volvió a preguntar.
âNo sé de qué hablas...Julianaâla morena sonrió y supo que lo habÃa desestabilizado.
â¿Qué planeabas? ¿Qué te vendiera lo que mi abuelo con esfuerzo hizo por mi?âla morena reclamó con odio, se levantó de su silla y caminó de un lado al otro mientras hablabaâ¿¡Crees que serÃa capaz de mandar toda una vida de esfuerzo a la borda por un robo!? No soy estúpida Jacob...âla mirada del hombre era el fuego el persona.
â¡Deja de hablar!âgritó el hombre fuera de sus casillas al mismo tiempo que se levantaba de su lugar y tomaba a Juliana por las muñecasâ¡Tu no sabes lo que es sufrir! ¡No sabes nada, todo lo que me pasa es tu maldita culpa!âapretó más su agarre y la puso contra el escritorio fuertementeâ¡NO DEBISTE HABER NACIDO! ¡NO DEBà ACOSTARME CON ESA PUTA!âle gritó a la cara para luego estrellar su puño a su rostro, al mismo tiempo en que una voz le gritaba.
â¡Jacob sueltala!âle gritó Howe que acababa de entrar a la oficina, se acercó al hombre que apretaba cada vez más fuerte a Juliana y luego la golpeaba tan fuertemente que Howe empezó a sentir lágrimas salir de sus ojosâNo es la forma Jacob...âle dijoâJuliana es tu hija...no la trates asà por favor...âreplicó sollozando tan fuerte que Jacob se detuvo por un momento, para luego volver a golpearla pero esta vez en el abdomenâNo hagas lo que un dÃa Julianno Villyn se hizo...âHowe estaba sollozando al mismo tiempo en que hablaba, sin saber que Juliana habÃa escuchado todo.
Dicen que lo primero que vemos al estar muriendo es nuestra vida pasar en frente de nuestras narices, sientes los momentos que una vez te hicieron feliz, otros que simplemente no debieron pasar pero que al final son parte de tu vida, Juliana veÃa a Valentina, vió sus ojos azules, el primer beso, la primera cita, su primera vez juntas. Pero luego se vió a sà misma, vió todos los abusos de su infancia, golpes, gritos, llantos y hasta los pequeños detalles que la hacÃan ser una mujer sin suerte en su vida.
Ahora era claro todo, sabÃa todo y supo que hacer. Jamás lo sospechó y nunca lo soñó, todo ocurrió tan rápido como el último golpe que la hizo reaccionar.
â¿Qué mierda pasó?âdijo Lauren de rodillas mientras miraba los hematomas con sangre por todo el rostro de la morena, luego miró a Howe que lloraba tanto como el otro hombre que desconocÃa con los nudillos llenos de sangre, también de rodillasâJuliana...mÃrame, mÃrameâle ordenó, pero la morena no hizo caso, sacó fuerzas de donde no tenÃa y se levantó, al mismo tiempo en que corrió con solo un rumbo fijo en su mente.
â¡Juliana!âle gritaba Lauren a lo lejos.
No tenÃa tiempo para pensar en lo que pasarÃa si se iba, solo corrió hasta el estacionamiento y se montó en su auto, vió que Lauren y Howe la seguÃan desde lejos y arrancó dejando humo a su paso, hasta perderlos de vista. SabÃa que cometÃa un error, pero también sentÃa que era la mejor opción, debÃa irse lejos y sanarse a sà misma.
Lo último que vió en su celular fueron las ocho llamadas perdidas de Lauren y Howe, no sabÃa donde ir, tampoco tenÃa dinero, solo diez dólares en monedas que tenÃa en su auto.
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Bienvenido a Pensilvania.
Paró un momento el auto para tanquear en una gasolinerÃa con solo cinco dólares, no sabÃa a dónde iba y era muy tarde para regresar. Miró su celular que sonaba, se recostó de espaldas a su auto mientras el tanque se llenaba, y contestó.
âJuls...qué quieres de cenar?âdijo Valentina al otro lado de la lÃnea, para ese punto la morena se encontraba llorando.
âPerdóname por favor, mi amorâle rogó perdón a la mayor.
âJuls, qué pasa? No tienes que disculparte, a veces tenemos dÃas pesados, ya ven a casa y cenamos juntasâJuliana supo que la ojiazul sonreÃa aunque no pudiera verla y esto le partió el alma.
âLo siento, Val. Perdóname por todo...âle dijo mientras lloraba , daba gracias a que a esa hora nadie estuviera tanqueando.
âJuls, me estás preocupando. ¿Quieres que vaya a la oficina? ¿Qué sucede amor?âpidió una explicación que jamás le llegarÃa o al menos no muy pronto.
âTe amoâcolgó la llamada para luego eliminar cualquier tipo de red social que tenÃa en ese momento, borró los contactos, borró su propio número para asà tener un celular completamente libre del pasado.
Se montó nuevamente al auto y siguió su camino.
Ahora sabÃa que su padre nunca murió, que Howe lo supo todo desde el principio, que Lauren también sabÃa y que todo lo que una vez pensó real era más que otra mentira, otra falacia de la cual sólo Valentina era verdad, pero sabÃa que si se quedaba con ella se perderÃa a sà misma y a ella. Juliana era una flor marchita al lado de una hermosa rosa roja que poco a poco iba a marchitar también.
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Bienvenido a Chicago
Bienvenido a Nebraska
Bienvenido a Idaho
Bienvenido a Oregón, Portland.
HabÃa conducido por 41 horas, sentÃa que sus heridas y la sangre en su rostro se habÃan secado hasta el punto de ser asqueroso. Le dolÃa el cuerpo y las ganas de comer algo eran inmensas, solo disponÃa de cinco dólares, no sabÃa a dónde iba a ir y mucho menos dónde comer, habÃa elegido Portland porque era su ciudad favorita, además de ser frÃa, justo lo que ahora necesitaba.
Visualizó una cafeterÃa un poco escondida de la ciudad y se estacionó en el lugar, luego sacó de la guantera unos lentes de sol negro aunque no hiciera sol, entró en esta y vió que estaba un poco vacÃa, fue directo al baño y cerró con seguro, sacó los lentes y vió sus ojeras tan marcadas como nunca, no se habÃa dado cuenta del sueño que tenÃa, habÃa dormido unas horas. Luego estaba la sangre que salÃa de su labio, su nariz y de la ceja que ahora se encontraba seca, se puso debajo del chorro de agua y lavó cada parte con sangre para asà tener el resultado de un rostro con moretones muy marcados aún, colocó sus gafas nuevamente y salió del baño.
âBuenos dÃas, qué desea de tomar?âle dijo una voz un poco conocida para Juliana, pero siguió sin mirarla, su mirada estaba fija en unas donas que habÃa en el mostrador.
âMe podrÃa dar un café simple y una dona de esas?âle preguntó a la mujer que asintió sin ninguna de las dos verse a la cara.
âDos dólares con cuarentaâdijo la mujer y Juliana sacó las monedas para luego entregarlas.
â¿Final o con datos?âle preguntó la mujer mirándola a Juliana fijamenteâ¿Te conozco?âle preguntó a Juliana que la miró y se dió cuenta que no era una mujer cualquiera.
â¿Melissa?â
â¿Juliana?â
Dijeron al mismo tiempo.
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Los leo.
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