Capítulo 30
¡Adiós! MI ESPOSO SIN DESEO ( Odalys )
CapÃtulo 30
¡Ese hombre volvió a mencionar a Bruno a propósito!
âEsto es entre nosotros, ¿podemos dejar a las personas ajenas fuera de esto?â.
âCuando mencionaste a Noelia, no tenÃas ese conceptoâ.
Odalys sonrió con ironÃa: âPero, ¿ella es una persona ajena a este asunto?â.
Gerson no dijo nada, pero su mirada decÃa claramente que ella estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua.
â¿Una persona ajena puede andar presumiendo tu tarjeta adicional por todas partes? ¿Gastando cientos de miles con cada uso?â-
La tarjeta adicional de Gerson no tenÃa lÃmite, eso no era algo que una persona ajena tendrÃa derecho. Sin embargo, el hombre frunció el ceño: â¿Quién te dijo eso?â.
âFue tu dulce amorcito quien me lo dijoâ.
La denominación ambigua de âdulce amorcitoâ hizo que Gerson frunciera aún más el ceño, sus dedos largos y delgados tomaron la barbilla de la mujer, su mirada evaluadora era como la de alguien inspeccionando una mercancÃa: âTan tonta, ¿cómo has sobrevivido hasta ahora?â.
âGerson túâ¦â
Antes de que Odalys pudiera replicar, el camarero comenzó a traer los platos uno tras otro, ella apartó su mano y mantuvo una distancia segura con él. Melba incluso habÃa seleccionado una botella de vino fino para la pareja, Odalys no habÃa tocado su copa, simplemente comÃa en silencio, con la cabeza gacha y siempre tan callada.
En medio de la comida, el teléfono de Gerson sonó, estaba sobre la mesa y la luz de la pantalla iluminó sus ojos, justo a tiempo para ver que aparecÃa el nombre âNoeliaâ. Frente a los platos que despertaban todos los sentidos, ella de repente perdió el apetito, picoteando sin ganas la comida de su plato.
Gerson miró el teléfono, dejó los cubiertos, tomó el móvil y se recostó en el suave respaldo de la silla: â¿Qué sucede?â.
Unos segundos después, la expresión del hombre se tornó visiblemente sombrÃa: âYa veoâ.
Colgó el teléfono y se levantó para decirle a Odalys: âHa surgido un problema con Noe, iré a verâ.
Odalys estaba preparada, al escuchar esas palabras, su estado de ánimo no cambió mucho, ¿acaso no era siempre asÃ? ¿Cada vez que recibÃa una llamada de Noelia la dejaba atrás? Ya estaba
acostumbrada. Además, verlo un segundo más la irritaba, si estaba tan preocupado por ella, ¿por qué no se divorciaban? ¿No serÃa mejor estar abiertamente al lado de Noelia?
Estaban sentados cerca de la ventana, a través del vidrio transparente, ella observó cómo el hombre se inclinaba para entrar en el coche.
â¿Qdalys?â, en ese momento, una voz familiar sonó sobre su cabeza.
Ella levantó la mirada y, al ver a Bruno parado frente a ella, se sorprendió antes de volver a la realidad: âQué coincidencia, ¿viniste a comer aquÃ?â.
La relación entre ellos no era mala, de lo contrario, ella no habrÃa pensado en él como la primera persona a la que pedir ayuda. Pedir ayuda a alguien era un favor, y si no querÃan ayudar, estaba bien, ella no era tan mezquina como para guardarle rencor por haberlá rechazado antes. En cuanto al asunto
1/3
12:10
Capitulo 30
de la grabación, tal vez realmente fue un malentendido, ya que él dijo que no era asÃ, entonces ella simplemente le creyó.
âEste restaurante pertenece a un amigo mÃo, vine a hablar de un asuntoâ, Bruno vio la otra cubierta en la mesa y echó un vistazo a su alrededor. â¿Viniste a cenar con Gerson?â.
Odalys negó instintivamente: âNo, con una amiga, però ella tuvo que irse por un asuntoâ. En su subconsciente, no querÃa que la gente supiera que su esposo la habÃa dejado sola en el restaurante.
Bruno guardó silencio por unos segundos, no la desmintió: âYo también tengo hambre, ¿te importa si comemos juntos?â.
Ya se habÃa sentado al hacer la pregunta, y a ella no le quedó más remedio que tragarse las palabras de rechazo: âClaro que noâ.
Bruno llamó al camarero y pidió que retiraran los platos apenas tocados, y luego ordenó de nuevo algunas porciones: âPrueba el plato estrella de aquÃâ.
En realidad, Odalys ya habÃa comido casi lo suficiente pero en esas circunstancias, solo pudo asentir.
Mientras tanto, abajo, Gerson entró en el coche y le dio a Sancho las direcciones. Antes de arrancar, Sancho miró hacia el cielo a través del parabrisas: âSeñor, ¿la joven señora no lo acompaña? El pronóstico del tiempo dijo que habrÃa una tormenta esta noche, juzgando por el cielo parece que se acercaâ.
âTú llévame y luego regresa por ellaâ.
Gerson sacó su teléfono, pensando en enviar un mensaje para que ella lo esperara en el restaurante, pero considerando su temperamento actual, probablemente no harÃa caso, asà que simplemente tomó el paraguas que estaba en el auto y volvió a bajar.
En el restaurante, Bruno miraba a Odalys, quien estaba distraÃda frente a él, y preguntó como si no le importara demasiado: âPareces algo pálida, ¿sucedió algo?â.
Odalys no se habÃa dado cuenta de que mostraba algún signo de malestar, pero al escucharlo, instintivamente se tocó la cara. Bruno, al ver su gesto inconsciente, sonrió con dulzura y le sirvió la sopa, colocándola suavemente a su lado: â¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?â.
Ella sabÃa que era una cortesÃa, y realmente no pensaba pedirle ayuda para conseguir dinero. Después de todo, trescientos millones no era una suma menor. Pero, ya que el ambiente lo permitÃa, apoyó su mejilla en la mano y bromeó: â¿Ayudarme? ¿PodrÃas prestarme trescientos millones? ¿Qué te parece?â.
Ãl la miró, tratando de discernir la seriedad en sus palabras, y después de unos segundos preguntó: âSi necesitas dinero, ¿por qué no se lo pides a Gerson? No le faltarÃa esa cantidadâ.
Odalys bajó la mirada, la luz difusa se reflejaba en su rostro, dándole un tono pálido. Claro, Gerson no carecÃa de ese dinero, ¡pero todo su dinero estaba destinado para Noelia! Al pensar en eso se sintió irritada, asà que dejó de hablar y empezó a beber. Pronto, la botella de vino que habÃa ordenado Melba casi se acabó, y con el efecto del alcohol, dejó de preocuparse, su rostro enrojecido mostraba una sonrisa.
Bruno no la detuvo de beber; a veces, ahogar las penas en alcohol también era una forma de desahogarse. Odalys tomó la botella para servirse más vino y notó que la copa de Bruno también estaba vacÃa, asà que automáticamente le sirvió una copa también.
â¿Un trago?â, ella levantó su copa, esbozando una sonrisa tenue. Esa sonrisa, en los ojos de cualquier hombre, serÃa irresistiblemente atractiva.
2/3
12.10
Capitulo 30
Bruno también era un hombre normal, dándose cuenta de su breve distracción, estaba a punto de tomar un sorbo cuando detrás de él, de repente se escuchó una voz burlona: â¿Te atreverÃas a beber el vino que ella te sÃrve?â.
3/3