CapÃtulo 153
-¡Hasta ostras tenemos!
Laureano no podÃa creer lo que veÃa en la bandeja de postres frente a él, habÃa ostras cuidadosamente dispuestas, brillantes y jugosas. Justo cuando iba a tomar una, Roman lo detuvo, -No las toques.
Laureano se quedó callado. Aunque sabÃa que esas ostras seguramente eran para Nerea, ¿ni siquiera podia probar una? ¡Qué tacaño!
Las ostras eran una especialidad de Edimburgo, raras y con una carne suave y delicada, lo que las hacial extremadamente caras en el mercado. Pero lo que realmente las hacia únicas es su superficie lisa, cubierta de espinas que se clavan profundamente en la carne, sin ninguna herramienta o método fácil para quitarlas, aparte de hacerlo cuidadosamente a mano.
HabÃa al menos veinte o treinta de ellas en la bandeja, ¿cuánto tiempo y esfuerzo tomarÃa prepararlas? Y aun habia tantos otros tipos de desayunos en la cocina, haciendo que Laureano se preguntara, ¿a qué hora se habrÃa levantado para hacer todo eso?
-Roman. Laureano lo miró, no pudo evitar decirle, -Realmente la amas, ¿verdad? No puedo ni imaginar lo feliz que será ella si se convierte en tu esposa.
Tan pronto como terminó de hablar, Roman dejó de cocinar abruptamente, perdido en sus pensamientos por un momento, mientras los huevos en la sartén comenzaron a quemarse.
-¡Epa, epa! ¡Se están quemando! ¡Justo cuando te estaba alabando!
Laureano señaló hacia la sartén, notando el breve destello de desconcierto en los ojos de Roman, y no pudo evitar querer retractarse de sus palabras.
Aunque no sabÃa cómo se desarrollarÃa la relación entre Roman y Nerea en el futuro, el hecho de que Nerea ya estaba comprometida y su boda estaba programada para fin de año era innegable. ¿No era esto como pincharlo?
-Oye, las cosas que aún no han pasado siempre pueden cambiar. No como yo, que estoy destinado a ser un guapo soltero por toda mi vida. Si me reencarno como mujer en la próxima vida, ¡definitivamente me interesaré en ti, hermano!
Intentó hacer una broma para aligerar el ambiente, pero Roman le lanzó una mirada frÃa. Justo cuando estaba a punto de sacarlo de la cocina, Laureano se retiró sabiamente, -Está bien, sigue cocinando. Yo voy a buscar a la linda Nerea.
Al salir de la cocina y dirigirse al segundo piso, escuchó un alboroto en la entrada.
-¡Señor, señor!
-Por favor, deténgase. Está invadiendo una propiedad privada. Si continúa, podemos llamar a la policia.
-¡Me da igual! Mi prometida está aquÃ, no responde su teléfono, y no puedo verla en ninguna parte. ¡Mejor que venga la policia, asi me ayudan a buscarla ¡A ver dónde la han escondido!
-La Srta. Nerea está aquÃ, pero sin ninguna prueba de que la conozca, ¡no podemos dejarlo entrar!
Laureano giró la cabeza, viendo desde lejos al mayordomo, a los sirvientes, y a un hombre vestido de traje, claramente agitado, forcejeando y gritando, Liam, ¿qué está pasando?
Liam corrió hacia él, reportándole, -Este señor que se identifica como Samson dice ser amigo de
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Srta. Nerea, pero no puede especificar cuándo llegó aquà ni con quién, y no logra comunicarse con ella por teléfono, asà que lo detuve.
Cuando lo detuve, se enfureció y trató de forzar su entrada, empezando a inventar que tiene una relación intima con la Srta. Nerea. Dada la fama de la Srta. Nerea, sospecho que podrÃa ser un fanático
obsesivo, ¡por eso intenté echarlo de la hacienda!
¿Samson?
Al oÃr eso, Laureano frunció el ceño levemente.